Vol. 5, núm. 1 y 2 (2005). Paternidad e identidad masculina en Costa Rica: El sobredimensionamiento del mandato de la proveeduría.

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El presente trabajo presenta los resultados parciales de una investigación de campo sobre el tema de la paternidad en la Costa Rica actual. El artículo centra su interés en la explicación del mandato masculino de la proveeduría y en las implicaciones

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   1 PATERNIDAD E IDENTIDAD MASCULINA EN COSTA RICA: EL SOBREDIMENSIONAMIENTO DEL MANDATO DE LA PROVEEDURÍA 1  Mauricio Menjívar Ochoa M.Sc. Ciencias Políticas Estudiante Doctorado en Historia Universidad de Costa Rica RESUMEN El presente trabajo presenta los resultados parciales de una investigación de campo sobre el tema de la paternidad en la Costa Rica actual. El artículo centra su interés en la explicación del mandato masculino de la proveeduría y en las implicaciones que éste tiene sobre la forma en que los hombres conciben su paternidad. También indaga en los efectos de este mandato sobre el poco involucramiento de los hombres en las tareas de tipo reproductivo y, aún más, sobre la manera en que contribuye a precarizar el ejercicio mismo de la paternidad. Descriptores: Paternidad. Masculinidad. Relaciones de género. Costa Rica. Siglo XX. INTRODUCCIÓN La discusión y posterior aprobación de la “Ley de paternidad responsable” en Costa Rica en el año 2001, 1  ha contribuido a develar la problemática expresada en el hecho de que muchos hombres son genitores sin cumplir una función paterna alguna, entendiendo la genitura como mera aportación biológica a la gestación. Al volverse la paternidad centro del debate, también se ha puesto en evidencia una cierta diversidad de criterios y estereotipos en relación con la   2 función paterna, muchos de los cuales develan un gran desconocimiento sobre la temática y la incipiente investigación sobre una base empírica. En términos generales, existe una tendencia a definir la paternidad a partir de un desfase entre el padre socialmente requerido y lo que los hombres de nuestra época están dispuestos a cumplir. En esta dirección, algunos han señalado que “los hombres” están fallando, pues “…no han sabido comprender cuál es su lugar en el mundo actual en relación con este tema…” (  La  Nación,   17/ 5/ 2000: 8A). Otras posiciones tienden a equiparar el “machismo” al fenómeno de la “paternidad irresponsable” (  La Prensa Libre,  31/8/2001, pág.13), lo cual pareciera asociar la “responsabilidad” con un rasgo que se desprende de nuevas formas de ejercicio de la  paternidad o formas “no machistas”.  ¿Guardan este tipo de ideas una relación con la forma en que los hombres entienden su  paternidad? ¿Están los hombres malinterpretando las exigencias societales del sistema con relación a la paternidad? ¿En qué clave social debe entenderse la problemática de la paternidad responsable? O, más aún, considerando las aspiraciones en relación con el deber ser de la  paternidad: ¿Es la paternidad concebida a partir del término responsable,  la solución acabada al tema de la genitura disociada de la función paterna? A partir de estas y otras cuestiones el presente trabajo busca exponer algunos de los resultados, que son parte de una investigación más amplia, 2  propiciando un acercamiento a cuáles son las concepciones masculinas sobre la paternidad, particularmente las referidas a la  proveeduría y a las labores de tipo reproductivo. En este sentido, y basado en la evidencia empírica recopilada en nuestra investigación, el primer apartado discute sobre el concepto de “responsabilidad” con el propósito de explicar su significación dentro de los mandatos masculinos tradicionales sobre la paternidad. Con ello se pretende alertar a las tomadoras y   3 tomadores de dec isiones sobre el uso del término “paternidad responsable”, con el cual, a nuestro parecer, no puede avanzarse en la resignificación de la paternidad patriarcal. El segundo apartado busca profundizar la comprensión sobre la forma en que el mandato de la  proveeduría moldea la identidad masculina y las actitudes de los hombres hacia su  participación en las labores reproductivas del cuido de niños y niñas. 1. LA MASCULINIDAD Y EL MANDATO DE LA PROVEEDURÍA El antropólogo David Gilmore (1994) en su sistemático intento por explicar la forma en que es construida la masculinidad en diversas culturas, encontró que en la concepción que hombres y mujeres de diferentes pueblos tienen al respecto de la “verdadera virilidad”, adquieren especial relevancia “tres requerimientos morales”. Estos requerimientos, si bien  podían variar en intensidad, cobran el carácter de imperativos. Según Gilmore, “…para ser un hombre en la mayoría de las sociedades… uno debe preñar a la mujer, proteger a los que dependen de él y mantener a lo s familiares…” (Gilmore 1994: 217). Si bien la existencia de esta tríada, que lleva a definir al sujeto que la ejerce como “el varón preñador-protector-  proveedor”, tiene implicaciones más profundas en relación con la  perpetuación del orden social (Gilmore 1994: 217 y subs.), para nuestros efectos esta gran constatación empírica ameritaría varias observaciones más restringidas. En primer término, que esta definición de virilidad se sustenta en la división sexual del trabajo que asigna a mujeres y a hombres funciones sociales excluyentes, con las consabidas desigualdades de género. En segundo lugar, que dada esta división social del trabajo, esta tríada debe entenderse como una construcción que las sociedades erigen como una inducción de los hombres en   4 función de la sobrevivencia del grupo. 3  Es decir, la virilidad, bajo este punto de vista y como tendencia general, no se ocupa de  preñar   como un fin en sí mismo (es decir, como mera genitura), sino que se encuentra también vinculada a la producción económica y, con ella, a la  proveeduría. 4  Lo anterior lleva a plantear la preeminencia que dentro del proyecto asignado socialmente a la masculinidad tienen, tanto la paternidad como la proveeduría. En otros términos, estos son rasgos imbricados y constitutivos en el hecho de ser hombre en sociedades  patriarcales. La línea explicativa del estudio de Gilmore no tiene como propósito indagar el fenómeno de la genitura sin involucramiento paterno entre un sector de la población de hombres, lo cual plantea que esta es, para los efectos de este estudio, una explicación parcial  para la comprensión de la paternidad. 5  Sin embargo, y teniendo presente tales reservas, los datos de nuestra investigación aportan algunos elementos para considerar que entre una parte de la población de hombres existe una tendencia concordante con lo señalado por Gilmore. En este sentido, para algunos de los entrevistados existen dos hitos estrechamente vinculados y que resultan definitorios para “sentirse un hombre”. En primer lugar se encuentra e l hecho de ser padre, así como la conformación de su propia familia. Efectivamente, una importante proporción de los hombres entrevistados sintió que ya era hombre cuando nació el primer hijo (28,6%), cuando supo que iba a ser padre o en un sentido similar, cuando tuvo la responsabilidad   de ser padre. Para otro 4,3%, formar un hogar fue un hecho de gran relevancia en esta dirección. El segundo hito de gran importancia para otra parte de los hombres es el tema del trabajo: el 18,8% se sintió hombre cuando comenzó a trabajar o a aportar económicamente al hogar, y otro 5,8% cuando asumió completamente la responsabilidad económica del hogar. 6     5 Una segunda indagación al respecto de lo que hace a una persona ser hombre, esta vez hecha por medio de preguntas cerradas, 7  ofrece un resultado similar: aquello que en primera instancia hace a una tercera parte de los hombres entrevistados ser definidos como hombres es formar una familia, 8  mientras que ser padre lo es para otro 17%. Para otro 17%, si bien estos elementos no representaban aspectos de primer orden de prioridad, si eran elementos valorados. Estos dos factores ocupaban un segundo orden de importancia para otro 17% en ambos casos, en el hecho de ser hombre. Por otra parte, para más de una tercera parte de los entrevistados, un elemento de primer orden de importancia que lo hace a uno ser hombre es el primer trabajo o el éxito laboral, mientras que para otro 25% este era un segundo elemento de prioridad, sumado a otro 9% que consideraba que ganar el primer sueldo era definitorio en este sentido. En otras palabras, desde la concepción cultural de los entrevistados el hecho de hacerse hombre está marcado por ser  padre o tener un hijo, 9  la formación de una familia y el trabajo, son elementos fundamentales y definitorios de la masculinidad. Este tipo de consideraciones pueden llevar a preguntarse si algunos estudios realizados sobre el tema de la masculinidad, no habrán dado un peso sobredimensionado a la actividad ocupacional, como “…fuente principal de la identidad del hombre moderno…” (Gomariz 1997: 33). En este sentido, en una encuesta nacional sobre familias realizada en Chile, se  preguntó a hombres y mujeres “¿Cuál es el área más importante de su vida?”, ante lo cual se detectó una respuesta masculina “…nota  blemente diferente a la femenina: la proporción más alta de varones se refirió a su trabajo o estudio, mientras la más alta de mujeres se refirió a la vida familiar…” (citado por Gomariz 1997). De lo anterior se colige la existencia de dos tipos
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