Lingüística empática

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Linguistics has become more and more technical, digitalized and experimental in the last years. Without denying the technical and methodological advantages of these evolutions, the present paper postulates that the base of linguistic research should

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   " Lingüística empática Johannes Kabatek Romanisches Seminar der Universität Zürich Zürichbergstrasse 8 8032 Zürich Suiza kabatek@rom.uzh.ch Recibido: 11/03/2014 Aceptado: 25/03/2014 Resumen  La lingüística se está volviendo más técnica, más experimental, más informatizada en los últimos años. Pese a todos los avances técnicos y metodológicos, el presente trabajo postula que la base inicial de la investigación lingüística sea la empatía, es decir, que el investigador puede y debe, en el caso de los objetos lingüísticos, no solo observarlos desde fuera, como si de cualquier objeto de la naturaleza se tratara, sino que deberá intentar ver el objeto desde su propia configuración, re-creándolo dentro de sí para comprender su verdadera esencia. Se argumentará que el punto de partida de la investigación lingüística debe ser la empatía, y esto tanto en los estudios de la lengua actual como en los estudios diacrónicos, ya que la creatividad lingüística permite desarrollar intuiciones incluso acerca de estados de lengua pasados. Palabras clave Empatía. Epistemología. Metodología lingüística. Intuición. Abstract  Linguistics has become more and more technical, digitalized and experimental in the last years. Without denying the technical and methodological advantages of these evolutions, the present paper  postulates that the initial base of linguistic research should be human empathy: language should not only be observed from outside, as it were a natural object. The researcher should rather take profit from the possibility of assuming the object departing from its own configuration, re-creating it within his own mind in order to understand its real essence. It will be argued that linguistics ought to be empathic in studies of current languages as well as in diachronic research since linguistic creativity allows also for intuitions on previous states of a language. Keywords Empathy. Epistemology. Linguistic methodology. Intuition. 1. INTRODUCCIÓN: LA PROVECHOSA INUTILIDAD DEL TRABAJO A MANO Las siguientes reflexiones son una especie de alegato y, aunque en ellas no se descubrirá nada nuevo, me parecen necesarias. Lo que postulan es una especie de coming out  , una concienciación, una afirmación de algo que frecuentemente se niega y en realidad es fundamental para nuestro trabajo. Me permito, sin evitar el riesgo de la anécdota, empezar con el ejemplo de un caso concreto que me llevó a formular el principio de lo que voy a exponer. Continuaré después con una argumentación algo más general. 1   1  Una primera versión de estas reflexiones fue presentada bajo el título  Linguistics and Empathy  en el coloquio del IRG  Negotiating methodological challenges in linguistic research en Friburgo, Suiza, en febrero de 2014. Agradezco a los participantes del coloquio y a dos revisores anónimos de este trabajo escrito los valiosos comentarios que he tomado en consideración al redactar esta versión.   # Hace un par de años, al redactar un informe, para la prolongación de una beca, sobre los avances de una tesis acerca del desarrollo del discurso gramatical en el siglo XVI  español, me vi enfrentado al típico problema de que lo propuesto el año anterior no se había cumplido. La experiencia me había enseñado que según las normas de tales tradiciones discursivas había que obviar los problemas y dar una imagen rotundamente positiva del trabajo alcanzado, ya que la única finalidad del informe que se me solicitaba era la concesión de un año más de  beca, no la explicación real de los hechos. Al mismo tiempo, también había aprendido que lo que mejor quedaba era siempre la sinceridad, la cual, en este caso, además venía de la mano de la plena convicción de la calidad del trabajo realizado hasta la fecha, de la capacidad de la doctoranda y del conocimiento de su enorme fuerza de trabajo. Si había habido retraso fue, al principio, por un problema técnico. El corpus de gramáticas que iba a formar la base del estudio no estaba digitalizado en su totalidad; existían versiones digitales de la gramática de Nebrija y de otras obras “clásicas”, pero faltaban muchos textos. Al escanearlos desde las ediciones contemporáneas, a pesar del enorme desarrollo de la técnica de OCR  , quedaban siempre muchas letras mal transcritas y esto exigía un arduo trabajo de corrección, siempre con el peligro de que alguna que otra errata quedara en el texto. 2  En un momento dado, la doctoranda decidió irse por la vía tradicional y copiar los textos a mano ella misma. No me lo dijo al principio porque probablemente le daba algo de vergüenza tal vuelta al anacronismo metodológico. Pero me lo confesó una vez que estábamos hablando de un problema terminológico concreto y ella me citó, inmediatamente y sin tener que buscarlos, varios ejemplos interesantes de diferentes obras. Fue entonces cuando mencionó que esos textos los conocía ahora casi de memoria porque los había copiado a mano. Vivimos en la época de los grandes corpus, de la sofisticación técnica que permite ver la historia de un lexema o de una construcción haciendo un par de clics con el ratón, y han quedado atrás los viejos tiempos de las fichas y de la extracción manual de los ejemplos. Por lo menos es lo que solemos dar por supuesto. Sin embargo, y a pesar de la enorme facilidad que ofrecen los nuevos medios, había algo valioso en ese conocimiento de los textos adquirido mediante el acto de la copia: a mi doctoranda, el enorme esfuerzo y el contacto intenso con los textos le había dado una sensación de certeza y de seguridad, y los que hablábamos con ella nos dábamos cuenta de que estábamos hablando con una experta, con una persona que sabía de qué hablaba, que guardaba una especie de tesoro que ella misma había amasado. Terminé, pues, por vender como virtud lo que había hecho la doctoranda y hablé, en el informe, de lingüística y empatía , de la posibilidad, aun en el caso de la lengua de épocas remotas, de adquirir una cierta competencia lingüística y de desarrollar un ojo crítico que permite identificar fenómenos que eran de algún modo llamativos en la época. Y en este sentido, declaré tiempo ganado el tiempo perdido por la enorme labor y lo hice no desde la estrategia, sino desde la convicción. Es aquí donde quiero arrancar con las reflexiones de tipo más general. Ya hemos dado un nombre a lo que queremos describir, lingüística empática , y ya he mencionado la expresión que examinaré más de cerca, la de los  fenómenos llamativos . 2. LOS LINGÜISTAS COMO HABLANTES La cuestión de los “fenómenos llamativos” nos lleva a la cuestión fundamental del srcen de nuestros objetos de estudio. ¿Cuál es el objeto de estudio de la lingüística? Las respuestas variarán según la orientación teórica de cada lingüista y se agruparán en dos clases mayores: 2  Hay numerosas anécdotas sobre casos de errores en corpus por culpa del reconocimiento automático de texto, como el de la palabra mafia  que aparece en los corpus históricos del español antes que en italiano (por error de lectura de la forma maña ), por citar solo un ejemplo.   $  por un lado, habrá aquellos que digan que el objeto de la lingüística consiste en la búsqueda de pruebas, en las lenguas particulares, que confirmen o corrijan un modelo universal de funcionamiento del lenguaje humano y, por el otro lado, habrá los que digan que la tarea del lingüista será más bien la de describir cualquier fenómeno que deje ver la infinita riqueza de las lenguas del mundo. En rasgos muy generales, podríamos llamar, retomando una  bipartición ya tradicional, universalista  a la primera de esas posturas y  particularista  a la segunda. 3  Se sabe que la historia de la reflexión acerca del lenguaje está marcada por un vaivén entre las dos tendencias y que hay épocas en las que domina una u otra (sin que la que queda en segundo plano en cada caso desaparezca totalmente). La postura particularista parte de la diversidad de las lenguas y tiene su srcen más destacado, en su versión moderna, en la filosofía del lenguaje del idealismo alemán, con autores cuyo pensamiento está íntimamente ligado al nacimiento de la lingüística moderna. Fue Eugenio Coseriu quien resaltó como nadie la importancia del grupo de filósofos que, empezando por Herder e incluyendo a otros como Hegel, los hermanos Schlegel, Hamann, Fichte y Schleiermacher y, finalmente, Guillermo de Humboldt, defendían un punto de vista sobre el lenguaje humano que divergía con respecto a sus antecesores. 4  La gran diferencia entre los románticos alemanes y sus antecesores ingleses y franceses es que no hablan ya del lenguaje como facultad humana como tal cuando se ocupan de la esencia de lo humano, el hombre ya no es solo hombre porque habla: no es “el lenguaje” lo que distingue al hombre frente a los animales; es “el lenguaje” en forma de una lengua particular  . El lenguaje en forma de lengua particular le da al hombre la libertad, al mismo tiempo que lo condena a ella; mediante la lengua, su lengua, conoce el mundo y ordena las cosas o, mejor aún: mediante una lengua reconoce al otro como participante en la categorización común de las cosas. Pero ¿en qué sentido esa diferencia entre lenguaje y lengua es relevante a la hora de  preguntarnos por la esencia del lenguaje? ¿No es cada lengua simplemente una instanciación del lenguaje y de este modo sirve para explicar lo que es el lenguaje como tal? Sí y no: claro que la universalidad está en cada lengua particular, pero un hecho universal es también el que la lengua particular sea no solo un ejemplo de la universalidad, sino que ofrezca una visión  particular del mundo que es diferente a la de otras y que no se puede abarcar en su totalidad desde la universalidad. Hay que añadir que esto nada tiene que ver con un hermetismo sapir-whorfiano y que la individualidad de las lenguas no niega la universalidad del lenguaje humano, sino que considera cada lengua como puerta de acceso a todas las demás. La lingüística moderna nace, pues, con Guillermo de Humboldt, como una ciencia de las  particularidades de cada lengua, no como ciencia de la universalidad. 3. COSERIU Y CHOMSKY: EL ABISMO DE LAS DOS EMPATÍAS En la actualidad, se oye a veces que los románticos alemanes enfatizaban tanto el papel de la lengua particular porque abrigaban una profunda postura nacionalista y tenían que oponerse, 3  Ver Coseriu (1969 y 1972) y Bossong. 4  Tal vez haya en la agrupación hecha por Coseriu algo de espejismo, quizá fueran las propias inquietudes de Coseriu las que le llevaron a considerar a todos los filósofos del idealismo alemán como un grupo con unidad y coherencia interna y a filtrar, a partir de sus obras extensas, una esencia que es en el fondo la que él mismo  busca. En cuanto a la descripción monumental de la  Historia de la filosofía del lenguaje  por Coseriu, hay que decir que gran parte de esa obra ha quedado todavía sin publicar. Existe una edición de los capítulos que abarcan la época desde los orígenes hasta Rousseau (Coseriu 1969 y 1972), con traducciones en varias lenguas; pero solo circulan manuscritos mecanografiados y no publicados de los cursos magistrales sobre la “gran época” de la filosofía del lenguaje entre Herder y Humboldt. Jörn Albrecht está actualmente preparando una edición de estos trabajos, que será fundamental tanto para la comprensión de la filosofía del lenguaje de los idealistas alemanes como para la del pensamiento lingüístico del propio Coseriu. La claridad de la visión coseriana sobre esa época la reconoce, entre muchos otros, Forster (2010); ver también Forster (2011).   % además, de algún modo, al discurso universalista de sus colegas franceses. Se suelen citar los discursos de Fichte en este contexto, y así se llega a una fácil descalificación de toda la concepción lingüística de aquel grupo. Sin embargo, si seguimos con la visión que ofrece Coseriu, vemos que hay una razón diferente, no necesariamente nacionalista, para explicar esa visión particular de las lenguas  en plural: Coseriu acentúa que lo que une al grupo de los filósofos alemanes es su predilección por el estudio comparado de las lenguas, su interés por la traducción y su competencia activa en varias lenguas. El presupuesto de la diversidad de las lenguas no es, para Guillermo de Humboldt por ejemplo, una idea abstracta desde la reflexión externa: es consecuencia del conocimiento  profundo de distintas lenguas, del estudio de la diversidad y del “despertar en la mente”, para citar una expresión suya, 5  de varias lenguas. Es la diversidad de las lenguas vivida por el individuo  la que hace que este se dé cuenta de sus particularidades, difícilmente reducibles a una serie de variables concebidas desde una perspectiva universal. Y en este sentido un lingüista como Coseriu, con el respaldo de los idealistas alemanes, no solo presume de  políglota cuando en varias ocasiones critica el monolingüismo de Chomsky; 6  en el fondo nos ofrece en esa crítica una explicación epistemológica del abismo que hay entre los dos: Chomsky concibe el lenguaje humano desde una visión universalista ya que vive el lenguaje  básicamente desde una sola lengua; Coseriu, en cambio, desde su infancia vive varias lenguas y desde la empatía del hablante se plantea las cuestiones de la diferencia. El archivo Coseriu 7  está lleno de apuntes todavía sin explotar de fenómenos llamativos en numerosas lenguas, fenómenos que concitan la atención no desde una perspectiva universal de quien mira si una categoría existe o no en las lenguas del mundo, sino de la del lingüista-hablante que en su  propia actividad como hablante-oyente reconoce esos fenómenos —“llamativos” evidentemente no desde la lengua misma sino desde otra lengua u otras lenguas—. La  participación activa, ese adentrarse en una comunidad histórica para hacerse parte de ella, es la base del descubrimiento de la particularidad; la base de una lingüística desde la empatía . 8  Aquí hay que hacer un pequeño paréntesis. El término empatía  lo uso aquí en un sentido muy particular: estoy hablando de la empatía del lingüista que es al mismo tiempo hablante, que dentro de sí produce algo que al mismo tiempo observa continuamente. El lingüista está formado en un pensamiento metalingüístico y categórico que le permite identificar las desviaciones de lo conocido desde otras lenguas y que le permite categorizarlas  para después formular preguntas e hipótesis acerca del fenómeno observado. Esa empatía del lingüista poco tiene que ver con la empatía postulada por la gramática generativa tradicional 5  Man kann die Sprache “nicht eigentlich lehren, sondern nur im Gemüthe wecken” (‘En realidad, la lengua no se puede enseñar: solo se puede despertar en la mente’, Humboldt L ). 6   “[Rohrer sagte,] Chomsky würde mich kennen, wahrscheinlich indirekt, denn, so viel ich weiß, kann er überhaupt keine Sprachen. Die spanischen Schriften kann   er nicht gelesen haben, es sei denn, daß ihm jemand einiges erklärt oder darüber berichtet hätte. Er kann  –    so sagt man  –    nur Englisch und ein wenig Hebräisch, und sonst überhaupt keine Sprachen” ( ‘[Rohrer dijo que] Chomsky me conocía, probablemente de forma indirecta ya que, según mi información, en absoluto sabe lenguas. Los escritos en español no los pudo haber leído a no ser que alguien le hubiera explicado algo o le hubiera contado algo acerca de ellos. Según se dice, solo sabe inglés y algo de hebreo, y ninguna lengua más’ Kabatek / Murguía 238). 7  Ver www.coseriu.de 8  Desde los primeros grandes trabajos de la época de Montevideo, Coseriu ha insistido en la diferencia entre las ciencias de la naturaleza y la ciencia del lenguaje. Así, en Coseriu (1954), afirma: “La ciencia del lenguaje radica necesariamente en un ‘conocimiento previo’ que se revela como ‘experiencia antepredicativa’ al reconocer el lenguaje como tal, y coincide con el conocimiento precientífico que el lingüista tiene de la lengua como hablante. […] Los esfuerzos por coincidir con la llamada ‘realidad de la lengua’ se deben a este conocimiento: a la intuición eidética de la ‘lengua’ en el hablar […] Al mismo tiempo, el reconocer el lenguaje como lenguaje implica el reconocerlo como finalidad significativa. Por lo tanto, el llamado ‘lenguaje en sí y por sí’ es una abstracción y la lingüística no puede ser pura descripción de ‘hechos objetivos’ ni teoría del ‘mero lenguaje’” (ver, a este respecto, también López Serena 2009b).   & cuando defiende los juicios de gramaticalidad. La idea de la empatía en la gramática generativa parte del supuesto que los hablantes pueden observar su propia actividad lingüística y juzgar si una frase es gramatical o no. Sin entrar en la larga discusión que existe acerca de este tema, solo quiero recordar que, en primer lugar, los hablantes se pueden equivocar a la hora de juzgar sobre si algo es gramatical o no (y también a la hora de evaluar si ellos dirían ese algo o no) y, en segundo lugar, la gramaticalidad de una frase depende en muchos casos de su posible contexto, por lo que muchas que parecen agramaticales en un contexto determinado no lo son en otro (y los hablantes no pueden pensar frases sin contextualizarlas ya que el lenguaje –por lo menos en su forma de realización concreta– sin contexto es simplemente inexistente). A pesar de todo ello, los juicios de gramaticalidad  pueden ser útiles, pero hay que tratarlos con mucho cuidado y ser consciente de los peligros que engloban. Ahora bien, la empatía del lingüista es otra: el lingüista que llega a adentrarse en una lengua no pretende adquirir la competencia para realizar juicos de gramaticalidad sobre frases  posibles o imposibles; lo que va a desarrollar es un oído atento a lo que a su alrededor se dice, acompañado del continuo esfuerzo de procesarlo, es decir, de reproducir activamente la gramaticalidad de lo que oye. Y es sobre todo en aquellos momentos en que le cuesta  procesarlo cuando toma nota: la empatía busca reglas y normas e intenta reconocer la gramaticalidad, de ahí que el hablante-lingüista que oye cosas extrañas intente explicarlas y, si no encuentra explicaciones, sigue buscando: pregunta a los nativos, consulta gramáticas y diccionarios, rellena fichas, documenta, investiga sistemáticamente, interpreta los resultados y escribe artículos. Para hacer tal cosa, el hablante-lingüista necesita tiempo: el tiempo de aprendizaje de una lengua es largo e intenso, pero sin él no hay posibilidad de acercarse de verdad a una lengua desde dentro (en lugar de desde fuera). 9  La empatía del lingüista se basa en una diferencia profunda entre el punto de partida en la investigación lingüística y el de la investigación en las ciencias naturales. Por mucho que quiera, no puedo adentrarme en un mineral, una sustancia química, una planta, ni siquiera en un primate. Cuando investigo una sustancia química, necesito hipótesis que se formulan desde fuera, desde el buen conocimiento de las sustancias químicas, eso sí, pero sin esa  posibilidad de participación activa en la producción del fenómeno estudiado. Las hipótesis me llevarán a experimentos que comprobarán o no el supuesto en cuestión. 10  En el caso de las lenguas, también formulo hipótesis, pero las formulo desde la empatía, desde la  participación, 11  desde el conocimiento de agente, “en el que el hombre es a un tiempo sujeto y objeto de la investigación.” 12  Después de la identificación de un fenómeno por estudiar sigue evidentemente una fase de recolección de datos en la que ciencias naturales y humanidades parecen proceder de manera no muy distinta: es la fase en la que lo ‘conocido’ (‘bekannt’, en términos de Kant)  por el hablante-lingüista se vuelve ‘reconocido’ científicamente (‘erkannt’). Pero cada dato 9  Ver Everett. 10  Para ser más exacto, habría que añadir que evidentemente una cierta empatía se da con cualquier objeto de estudio. También el investigador de sustancias químicas se construye un mundo de empatía a partir de su experiencia y desarrolla intuiciones sobre el objeto que estudia y, si una reacción le sorprende, su búsqueda de explicaciones no será un proceso guiado inmediatamente y objetivamente desde el objeto. Hay una parte hermenéutica en todo tipo de análisis, también en el de los objetos completamente ajenos al hombre, y el descubrimiento de lo desconocido raras veces cae del cielo sino que casi siempre tiene que ver con pautas seguidas por un investigador con el olfato y la convicción de que ahí hay algo. 11  Y esto es válido tanto para los lingüistas declaradamente empáticos como para los que defienden que el objeto tiene que considerarse de manera puramente “objetiva”, prescindiendo de todo saber intuitivo. ¿De dónde viene ese saber objetivo en su srcen? ¿No será también, en los modelos más formales, en última instancia de la propia competencia del lingüista como hablante? "#   López Serena 2007, 445.  
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