Lectura artístico -­‐ teológica (“Jesucristo, el Salvador” de Kilandari, del s. XIII; y Jesús de “SE BUSCA”, 1960-1969)

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Lectura artístico -­‐ teológica (“Jesucristo, el Salvador” de Kilandari, del s. XIII; y Jesús de “SE BUSCA”, 1960-1969)

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Otro de los puntos a tener en cuenta es que a ambas imágenes se les ha buscado una cita bíblica sobre la que poder basar posteriormente la interpretación teológica, para ayudar y facilitar un posible trabajo pastoral posterior, aun sabiendo que este tipo de imágenes no tiene como base de fondo una cita bíblica concreta, sino que son inspiradas  por muchas citas y pasajes bíblicas, de modo que no puede concretarse en una sólo cita  para hacer una mera lectura artística. En este caso, como la finalidad no es sólo  proponer una lectura artística, sino también teológica y mistagógica propondré una cita concreta para cada una de las imágenes. “Jesucristo el Salvador” de Kilandari del s. XIII J   Esta imagen de Cristo Salvador se encuentra en el monasterio serbio de Kilandari en el Monte Athos, creado a finales del s. XIII, en pleno fervor de la ortodoxia de la invocación del nombre de Jesús. El texto bíblico sobre el que se fundamente este icono es Jn 14, 1- 6 « Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ». Por una parte, en el “Yo soy” aparece la majestad de una revelación divina, accesible a todos, en la condescendencia de su humanidad (presente en la globalidad del icono por el color dorado, que representa la divinidad). Jesús es el camino y guía hacia el Padre, puesto que ha asumido nuestra naturaleza humana y ha hecho de su vida el camino que han de seguir sus discípulos, para que todos entremos en la morada del Padre. Jesús es la Verdad absoluta, ya que revela el hombre al hombre y también a Dios, pues es la plenitud de la revelación y el Revelador como esa verdad que  buscamos (es por eso que vemos en la imagen un Jesús majestuoso y hierático (estático) -propio de un icono griego-bizantino-, además de dulce y persuasivo -propio de la  pintura rusa-); Jesús es verdad salvadora porque viene a traernos la verdad que salva. Jesús también es vida en abundancia porque brota del manantial de la comunión trinitaria, plenitud de nuestra verdadera existencia; Cristo es la vida, nuestra vida, de modo que el ideal cristiano es vivir en él de manera que su vida sea nuestra vida. De este modo, viendo a Jesús contemplamos al Padre escondido en el misterio de la eternidad, ya que Jesús es Hijo de Dios, Hijo del Padre. 3   45)6.& .& ., 7&.8" 3   3 Este icono tiene como título Jesucristo “el Salvador”, “soter”; de modo que no se trata sólo de un nombre, sino que hace referencia a una función, la misma que revela el nombre de Jesús, tal como lo vemos en Mt 1, 21, Lc 1, 31, Lc 2, 11. Este nombre de Jesús, el Salvador, está inscrito en la parte superior del icono, a izquierda y derecha con las iniciales griegas IC - XC, IesouS XristoS 2 . Contemplamos como en esta imagen de Cristo se funden varias figuras, la majestad del Pantocrátor y la belleza y bondad del Maestro. La imagen tiene de fondo un intenso fondo dorado, ya que posee el misterio de la divinidad del Padre de quien es irradiación luminosa de su gloria. Una amplia aureola, de suave tono rojo, encuadra el rostro de Cristo, el cual es el centro del icono (dentro de la aureola, se percibe muy vagamente los rasgos de la cruz con las letras !   "    #  -posiblemente en esta imagen no se perciba por el deterioro de la imagen y la baja calidad de la imagen digital- que indican el título mesiánico y divino de Jesús « Yo soy el que soy » (Ex 3, 14). Una gran cabellera se recoge a su espalda, cabellera que también corona sus sienes para hacer resaltar su semblante, semblante de belleza gracias a la armonía de su frente ancha y luminosa, sus cejas arqueadas bajo los que se encuentran dos ojos luminosos de mirada fija, penetrante y bondadosa. Una nariz afilada y alargada. Se percibe la forma de cruz construida en su rostro gracias a sus ojos y su larga nariz. La boca es pequeña y está cerrada, sus labios rosados (se puede interpretar que es, un instante de proferir una palabra de revelación, o silencio que revela que él es la Palabra hecha carne). Dos orejas dispuestas para escuchar nuestra oración y nuestras súplicas. Su barba cubre sus mejillas y se recoge a la altura del cuello. Vemos, finalmente, que el iconógrafo ha iluminado el rostro hasta hacerlo un reflejo de la luz dorada del fondo del icono. Del análisis del rostro observamos una triple concentración circular, que se va reduciendo en torno a la mirada; el primer círculo era la aureola, el segundo el cabello, y el tercero el rostro, que tiene por centro los ojos y la nariz, haciendo la forma de cruz. La mirada se convierte así en el centro del icono, donde se da el espacio para la relación fundante, donde Cristo mismo se da en una relación personal. En el rostro de Jesús se encuentra un lugar donde descansar nuestra mirada, ya que su mirada acoge, define y sana, porque es una mirada absoluta que busca, llama y abre las puertas de la luz verdadera. Es la eterna apertura de Dios al hombre. Tras analizar el rostro, vemos que este Cristo está revestido con una túnica roja y un manto verde oscuro para simbolizar su doble naturaleza, divina y humana. Por medio de la mano derecha da la bendición, es la manifestación de la benevolencia del Padre hacia nosotros. La posición de sus dedos también son significantes, ya que con el  pulgar, el meñique y el anular indican la divinidad de las tres personas de la Trinidad, mientras el dedo corazón y el índice entrecruzados sugieren el misterio de las dos naturalezas de Cristo. Por dos ocasiones su cuerpo nos presenta la doble naturaleza de Cristo, primero a través de sus vestidos, y después por la unión de sus dedos. En su mano izquierda, a la misma altura que la derecha, sujeta un libro de cantos rojos, encuadernado con perlas preciosas de varios colores. Se trata del libro de los siete sellos que sólo él puede abrir (Ap 5-6), y que contiene sus enseñanzas y sus misterios. 9   En el griego bizantino el grafema que se usaba para designar la sigma (S) era C.     9 Observamos que el cuerpo de Cristo, está cubierto por la túnica roja que nos hace recordar que el cuerpo de Cristo está revestido todo él de la divinidad de Dios, y sólo  por encima de la túnica roja y divina se apoya el manto verde oscuro de la humanidad, de modo que la humanidad de Jesús no oculta su ser divino, sino que más bien nos hace ser conscientes de su divinidad, ya el manto sólo cubre su cuerpo y su túnica de modo muy superficial y exteriormente. Es ciertamente su túnica la cual cubre su persona y su figura, es la divinidad quien verdaderamente define a Jesús, es la divinidad quien cubre su cuerpo, su interior, dejando para su faceta humana la parte más externa de esta imagen. La majestad de esta imagen nos invita a la confianza, a la paz que se recibe de su mirada y reside en su amor. Es una imagen que nos invita a penetrar en lo íntimo de Jesús, en su divinidad, prestando así menos atención a su humanidad. La auténtica relación con Cristo, con el Salvador, se da en el encuentro íntimo e interior, en aquello que podamos descubrir adentrándonos en su persona humana y divina, olvidándonos así de todo lo exterior que cubre lo que realmente importan: la Salvación por medio de Cristo.  Jesús de “SE BUSCA” 1960-1969 O   La imagen del Jesús de “Se busca” fue realizado en la década de los 60’, por algún integrante del movimiento hippie “Movimiento de Jesús”, imagen que tiene como  base srcinal una imagen publicada en el periódico estadounidense “The Masses” en el año 1917, por Arthur Henry Young (1866-1943) 4 ; esta imagen inicial será tomada como modelo no sólo para la imagen que nosotros estamos estudiando sino que también servirá de modelo de inspiración para otros muchos bocetos, incluidos algunos que también saldrán en prensa o periódicos estudiantiles caseros 5 . Muchos de los miembros del movimiento de Jesús eran adolescentes que habían crecido en iglesias conservadoras y buscaban definir su propia identidad. La base cristiana de este grupo, y por tanto también de la imagen, está sobre el año 1900 donde muchas iglesias protestantes redujeron la esencia del cristianismo a ‘puro amor’, e hizo del progreso social su objetivo principal, para lo cual despojó al cristianismo de lo sobrenatural-divino, limitando el conocimiento religioso a la naturaleza humana de Dios (siguiendo los parámetros de la ciencia moderna), de modo que se buscaba a Dios ayudando al prójimo, y no leyendo la Biblia. Se dejó de lado la espiritualidad tradicional para comenzar una nueva búsqueda ecléctica en materia religiosa, con la esperanza de encontrar una religión que acelerase todos los aspectos de la vida, y que abarcara todo el pensamiento y el comportamiento. Este eclecticismo llevó a muchos a leer las palabras de Jesús y la Bahgvad Vita, unido al uso de LSD 6 , combinando así experiencias abiertamente ‘cristianas’. Es así como se da la espiritualidad de los hippies que tiende hacia el individualismo, buscando la libertad, sin ninguna restricción (debido a la hipocresía recibida de los padres), para sentirse bien. Los hippies consideran a Jesús como un hippie sin iglesia, y así lo representan en sus palabra y obras pictóricas, y el Espíritu Santo es como un espíritu libre que despreciaba a los fundamentalistas de rituales rígidos y estilo de vida con restricciones. :   45)6.& .& ., 7&.8" 9   ;   45)6.& .& ., 7&.8" :   <   =(.5>," ?. -5)6.& .& ., 7&.8" ;   @   AB2C DE#5)F" GH-,-I)?" >)#) ),H.#)F-"&.* >*JKG-F)* L H)5M-N& >)#) ,) H.#)>-) .*>-#-HG),C =O.FH"* ?., AB2P ),GF-&)F-"&.* F"& ,"* "("* )M-.#H"* L F.##)?"*/ ?-*H"#*-Q& ?., H-.5>" L ?-*",GF-Q& ?., .6"C     : El texto base sobre el que se construye la imagen que estamos trabajando es el de Lc 23, 35.43, donde se puede leer “  Estaba el pueblo mirando” “Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.» ”. El texto seleccionado, por una parte nos muestra la multitud, el pueblo, que se encuentra expectante ante lo que Jesús va a realizar o lo que pueda suceder con él, se trata de una mirada atenta hacia Jesús. Por otra  parte, Jesús realiza su oferta de amor y de perdón hacia su pueblo, para quienes han actuado mal, asegurando una nueva realidad junto a él en un lugar ideal y divino, sin sufrimiento, en la Vida Eterna. Contemplamos cómo esta imagen de Jesús se divide en 3 partes, siendo la central el rostro de Jesús, rodeada de texto. En la cabecera leemos el texto “SE BUSCA Recompensa: La vida Eterna”, se trata de una reproducción de los conocidos carteles estadounidenses de películas del antiguo oeste, los cuales resaltaban la importancia de encontrar a quien se mostraba en la fotografía, ya que sería gratificado y premiado con la mejor recompensa posible, recompensa que aumentaba en proporción a la importancia del personaje buscado. El texto final hace una descripción física de su rostro, y también de algunas partes identificativas de su cuerpo (“cicatrices en las manos y los pies”), además de notificar con quién suele ir acompañado y de frases revolucionarias que utiliza para escandalizar a la gente. Termina dando indicaciones de qué tiene que hacer aquel que lo encuentre: imitarlo, seguirlo. La representación pictórica se limita sólo a la cabeza de Jesús, la cual aparece entera y aislada del cuerpo, sobresaliendo por encima del resto de la imagen, de modo que se presenta atrayente a la mirada del observador. El rostro parece que sale hacia el exterior de la pintura donde está el observador para atraerle hacia el interior, interior que no se encuentra dentro de la imagen sino en el misterio que intenta darse. La imagen no presenta ningún color, aparte de los trazos propios de la pintura y del color del papel, y la gran mayoría de estos trazos son dados en el pelo de Jesús que cubre casi todo el rostro, por la parte superior y laterales con su frondoso cabello y por la parte inferior con una generosa barba, que solamente deja ver la boca entreabierta de Jesús, la cual parece que está diciendo o susurrando algo al observador. Puede verse también una mirada abierta, de ojos grandes, bien definidos, con unas cejas discretas para dar todo el protagonismo a los ojos, centro del rostro de Jesús y de la imagen en su conjunto, buscando un espacio donde fundar una relación con el observador. Entre los ojos se percibe el comienzo de una larga nariz, que junto con la  posición de los ojos deja percibir una forma de cruz en forma de Tau ( $ ).  Nos encontramos con un rostro sufriente, con heridas provocadas por las espinas incrustadas en su cabeza, que hace salir sangre y produce lágrimas de dolor en el propio Jesús. Se trata, por tanto, de una imagen de Jesús que ha renunciado de su condición divina, y se ha presentado en su condición humana total, sufriente y mortal. Jesús no  busca su dimensión divina, sino que mira el caos, el dolor que se encuentra fuera de sí mismo. El hombre que se acerca a esta imagen no busca la contemplación de la victoria de Cristo, sino que necesita sentirlo pegado a su situación de dolor e incomprensión, ya que allí donde el hombre se encuentra con el límite de su figura deshecha, encuentra la  presencia de Dios que cruza su mirada con la del sufriente, haciendo comprender que nuestros dolores son comprendidos en el mismo interior de la carne filial atravesada por el desprecio, el dolor y la muerte de Jesús, el Hijo de Dios.   ; El pintor busca que esta imagen no atrayente, que muestra el sufrimiento de la vida, transforme toda posibilidad de dolor, incomprensión, en un amor dado, poniendo así de manifiesto la verdadera belleza y la esperanza posible. La imagen tiene que morir en la relación de intercambio de miradas externas, entre el observador y Jesús, para dar así lugar a una verdadera escucha interna de Dios. Comparación de las imágenes Color. El icono bizantino está lleno de color, primarios en general, para hablarnos  por el color de la dimensión divina del icono, con el dorado de fondo, el manto rojo que habla también de la divinidad (rojo-fuego, símbolo teofánico del Antiguo Testamento), el verde oscuro para hablarnos de su dimensión humana y creatural; mientras que la imagen modernista sólo utiliza la pintura negra para hacer los trazos del rostro y de la tipografía que acompaña al rostro, dependiendo el color de fondo, ya que varía según el material utilizado (en este caso, color ocre). Representación. El icono bizantino muestra no sólo el rostro, sino también la parte superior del tronco de Jesús, aquí podemos reconocer también la Iglesia visible representada en el cuerpo de Cristo (teología paulina). La imagen modernista  pictóricamente sólo muestra el rostro, y nos da cuenta de otras partes de su cuerpo por medio de un texto, con una vaga descripción; el hecho de no mostrar pictóricamente el cuerpo de Jesús nos hace recordar la característica de la teología protestante de la Iglesia invisible o Iglesia ‘abscondita’. Título. El icono bizantino tiene escrito en la parte superior del icono las iniciales griegas IC - XC, que significa IesouS XristoS, el nombre de la obra de modo discreto. La imagen modernista aunque reciba su nombre informalmente de su título, su título sólo presenta un deseo o actitud que debe tener el observador.  Naturaleza de Jesús. El icono bizantino, por 3 ocasiones nos muestra la doble naturaleza de Jesús, humana y divina; primero en el rostro humano con color dorado de divinidad, segundo en las ropas rojas (divino) y verde oscuro (humanidad) del cuerpo, y tercero los dedos índice y corazón entrecruzados. La imagen modernista sólo muestra explícitamente la naturaleza humana, y sólo se puede descubrir la naturaleza divina si el observador se deja invadir y penetrar en el rostro y figura de Jesús. Centralidad de la mirada. Ambas imágenes tienen por centro la mirada de Jesús, ya que aquí reside todo el peso de la experiencia mistagógica entre el observador y Dios, por medio del rostro y la mirada de Jesús. No son sólo ojos que miran, sino que son ojos que también hablan y que entablan relación con quien deja que fluya esta comunicación o diálogo; para invitarnos a pasar de lo exterior de la imagen para introducirnos en el interior de la figura de Jesucristo y descubrir ahí, a través de su mirada, su ser divino.
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