Comportamiento y salud de los jóvenes universitarios: satisfacción con el estilo de vida

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  COMPORTAMIENTO Y SALUD DE LOS JÓVENES UNIVERSITARIOS: SATISFACCIÓN CON EL ESTILO DE VIDA 71   Pensamiento Psicológico, Vol. 5, N°12, 2009, pp. 71-88 Comportamiento y salud de los jóvenes universitarios: satisfacción con el estilo de vida ∗ Luisa Fernanda Lema Soto 1 , Isabel Cristina Salazar Torres,María Teresa Varela Arévalo, Julián Andrés Tamayo Cardona,Alejandra Rubio Sarria y Adriana Botero Polanco. Ponticia Universidad Javeriana, Cali (Colombia) Recibido: 01/08/08 Aceptado: 04/06/09 Resumen El objetivo de este trabajo fue describir los comportamientos que hacen parte de los estilos de vida de los  jóvenes universitarios, en diez dimensiones: ejercicio y actividad física, tiempo de ocio, autocuidado y cuidado médico, alimentación, consumo de alcohol, tabaco y drogas ilegales, sueño, sexualidad, relaciones interpersonales, afrontamiento y estado emocional percibido, y su correspondiente grado de satisfacción con dichas prácticas. Participaron 598 estudiantes (44,7% hombres y 55,3% mujeres) de una universidad privada de Colombia, quienes diligenciaron el “Cuestionario de estilos de vida en jóvenes universitarios” (Cevju). Los resultados obtenidos muestran un predominio de prácticas saludables en todas las dimensiones, con excepción de ejercicio y actividad física y alta satisfacción con el estilo de vida y el estado general de salud. Hubo coherencia entre el nivel de satisfacción con el tipo de prácticas realizadas, y esta relación fue analizada siguiendo los lineamientos del modelo de etapas de cambio. Finalmente, se propusieron algunos aspectos relevantes para la creación de  programas de intervención que se orienten a la promoción de un mayor número de conductas positivas  para la salud y a la disminución de aquellas que puedan deteriorarla.Palabras clave: comportamientos, estilos de vida, salud, jóvenes, modelo de etapas de cambio.  Abstract The purpose of this study was to describe behaviors that form part of the life-style of young college students in 10 dimensions: exercise and physical activity, leisure time, self-care and medical care, diet, alcohol, tobacco and illegal drug consumption, sleep, sexuality, interpersonal relationships, coping and perceived emotional state, and their satisfaction with each. 598 students participated (44.7% men and 55.3% women) from a private university in the southwest of Colombia, who answered the College Youth Lifestyle Questionnaire (Cevju). The results show a high prevalence of healthy practices in all dimensions, except for exercise and physical activity, and satisfaction with lifestyle and general health * Investigación del grupo Salud y Calidad de Vida, financiada por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y el Centro de Bienestar de la Vicerrectoría del Medio Universitario, Pontificia Universidad Javeriana, Cali, Colombia. 1  Dirección correspondencia Email: llema@javerianacali.edu.co  72 LUISA F. LEMA, ISABEL C. SALAZAR, MARÍA T. VARELA, JULIÁN A. TAMAYO, ALEJANDRA RUBIO Y ADRIANA BOTERO status. There was coherence between the level of satisfaction and practices (healthy or unhealthy), and this relationship was analyzed following the guidelines of the stages of change model. Finally, some ideas are presented for consideration, with the idea of creating intervention programs aimed at  promoting positive health behaviors and preventing those that adversely affect health.Key words: behaviors, life styles, health, young students, stages of change model Resumo O objetivo deste trabalho foi descrever os comportamentos que fazem parte dos estilos de vida dos  jovens universitários, em dez dimensões: Exercício e atividade física, Tempo de ócio, Cuidado e cuidado médico, Alimentação, Consumo de álcool, Tabaco e drogas ilegais, Sonho, Sexualidade, Relações interpessoais Enfrentamento e Estado emocional percebido, e seu correspondente grau de satisfação com ditas práticas. Participaram 598 estudantes (44,7% homens e 55,3% mulheres) de uma universidade privada do sudoeste colombiano, que diligenciaram o “Cuestionario de estilos de vida en jóvenes universitarios” (Cevju). Os resultados obtidos mostram um predomínio de práticas saudáveis em todas as dimensões com exceção de Exercício e atividade física, e alta satisfação com o estilo de vida e o estado geral de saúde. Houve coerência entre o nível de satisfação com o tipo de  práticas realizadas (saudáveis ou não saudáveis) e esta relação foi analisada seguindo os lineamientos do modelo de períodos de mudança. Finalmente, foram propostos alguns aspectos relevantes de análise para a criação de programas de intervenção que se orientem para a promoção de um maior número de condutas positivas para a saúde e para a diminuição daquelas que possam deteriorá-la. Palavras-chave: comportamentos, estilos de vida, saúde, jovens, modelo de períodos de mudança. Introducción Los estilos de vida hacen referencia,  principalmente, a los comportamientos habituales y cotidianos que caracterizan el modo de vida de un individuo y que suelen ser  permanentes en el tiempo (Fernández del Valle, 1996; Rodríguez, 1995; Roth, 1990). En algunos casos, se agrega a esta denición otra clase de variables, distintas a las pautas conductuales observables, tales como las creencias, las expectativas, los motivos, los valores y las emociones, que se presentan asociados con la conducta (Arrivillaga, Salazar y Correa, 2003; Arrivillaga y Sálazar, 2005). Cuando el campo se delimita a la salud, las pruebas empíricas acumuladas en el tema permiten armar que son las conductas las que tienen un impacto muy importante en la salud, en la medida que, su  presencia o ausencia, puede constituir un factor de riesgo o de protección para el individuo, según sea el caso (Flórez, 2007). Dentro de los patrones de comportamiento que conforman los estilos de vida se incluyen  prácticas saludables y no saludables que interactúan entre sí (Müller y Beroud, 1987, citados por Carrasco, 2004). No obstante, las personas que tienen comportamientos no saludables que son estables en el tiempo, tales como, el desequilibrio en la dieta, el sedentarismo, el consumo de tabaco y de alcohol, no dormir el tiempo necesario o llevar a cabo comportamientos inseguros, tienen una mayor  probabilidad de desarrollar enfermedades, comparadas con aquellas personas que no incluyen estas prácticas en su estilo de vida (Organización de Naciones Unidas [ONU], 2007; Wu, Rose y Bancroft, 2006). En el campo de la salud del adolescente y del  joven, los estilos de vida aparecen relacionados con problemas sociales de gran relevancia. Por ejemplo, embarazos precoces, abortos, infección  por VIH/SIDA y contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS), debidos a sus prácticas sexuales; las incapacidades, lesiones o muertes, debidas a accidentes de tráco; trastornos por el consumo y abuso de drogas; y trastornos de la  COMPORTAMIENTO Y SALUD DE LOS JÓVENES UNIVERSITARIOS: SATISFACCIÓN CON EL ESTILO DE VIDA 73 conducta alimentaria, a causa del sedentarismo y la dieta (Hernán, Ramos y Fernández, 2004; ONU, 2005; Organización Mundial de la Salud [OMS], 2006). A largo plazo, estos jóvenes  presentan también un aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles que tienen como factores asociados los estilos de vida  poco saludables (e.g., los problemas cardiacos, la diabetes mellitus tipo II y el cáncer) (ONU, 2007). A continuación se describen las principales dimensiones del estilo de vida que se relacionan con la salud de los jóvenes universitarios y que fueron evaluadas en este estudio.  Ejercicio y actividad física . Hace referencia a aquellos movimientos corporales y actividades que requieren consumo energético mayor al que se produce en estado de reposo o al realizar alguna actividad cognitiva y que favorecen la salud (Ramírez-Hoffman, 2002; World Health Organization [WHO], 2008). Realizar ejercicio o tener actividad física como parte del estilo de vida disminuye el riesgo de enfermedad coronaria y prevención de enfermedades crónicas. A nivel  psicológico también tiene un efecto positivo,  puesto que ayuda a la regulación emocional, reduce la ansiedad, la tensión y la depresión y aumenta la sensación de bienestar (Amigo, Fernández y Pérez, 1998; Elizondo, Guillén y Aguinaga, 2005; Gámez, 2005; Guerra et al. 2006; Ramírez-Hoffman, 2002; Sparling, Owen, Lambert y Haskell, 2000; Velasco, 2004). Tiempo de ocio . Es aquél en el que las  personas desarrollan actividades orientadas a satisfacer sus gustos e intereses, al placer, al descanso, al desarrollo y la integración social. Tales actividades son elegidas libremente según las preferencias (Rodríguez y Agulló, 1999). El tiempo de ocio ha sido reconocido en la última década como un factor importante  para el desarrollo y bienestar de los jóvenes,  puesto que en él aumentan las probabilidades de la inclusión social, de participar en la comunidad, de hacer deporte, recrearse y tener  programas culturales, a la vez que disminuye las  posibilidades de implicarse en otros problemas como la delincuencia y el consumo de drogas (ONU, 2005).  Autocuidado y cuidado médico . Hace referencia a aquellos comportamientos voluntarios que realiza la persona para benecio de su salud, en el sentido que implica cuidarla o hacer cuanto esté en sus manos (cuidar la higiene, tomarse los medicamentos según la prescripción médica, realizarse exámenes, explorar el propio cuerpo, llevar a cabo medidas de seguridad, como el uso de cinturón de seguridad, atender a las señales de tráco, etc.) para impedir que aparezcan las lesiones, detectar a tiempo síntomas o señales de enfermedad o que se facilite una pronta recuperación en caso de que exista una afectación. Todos estos comportamientos implican un mayor nivel de responsabilidad  personal (Brannon y Feist, 2001; Kornblit, Mendes y Adaszko, 2006; Lange et al. 2006).  Alimentación . En esta dimensión se consideran los aspectos relacionados con la selección e ingestión de los alimentos; por lo tanto, el tipo y la cantidad de alimentos, los horarios y espacios en los que se consumen y algunas prácticas relacionadas con el control del  peso (Morell y Cobaleda, 1998). Estas acciones  permiten satisfacer las necesidades físicas del organismo, favorecen el funcionamiento diario del organismo, el desarrollo de las funciones vitales y el estado de salud, y previenen la aparición de algunas enfermedades (González, 2005). Los hábitos alimentarios inadecuados, así como los valores culturales que destacan los estereotipos de lo bello, lo atractivo y la liberación sexual han permeado los hábitos alimentarios de los jóvenes, contribuyendo al desarrollo de varios trastornos alimentarios (Acosta y Gómez, 2003) y a la aparición de graves consecuencias, como las alteraciones endocrinas y metabólicas que srcinan, posteriormente, miocardiopatía, arritmias cardiacas y la muerte (Perpiñá, Botella y Baños, 2006). Consumo de alcohol, tabaco y drogas ilegales . Se reere a la ingestión, aplicación u absorción de dichas sustancias, generando alteraciones en el sistema nervioso central y en el comportamiento (Becoña y Vázquez, 2001; Cadavid y Salazar, 2006; Salazar y Cáceres, 2004; Salazar, Varela, Cáceres y Tovar,  74 LUISA F. LEMA, ISABEL C. SALAZAR, MARÍA T. VARELA, JULIÁN A. TAMAYO, ALEJANDRA RUBIO Y ADRIANA BOTERO 2005, 2006; Varela, Salazar, Cáceres y Tovar, 2007; WHO, 2002, 2005). Tales alteraciones están relacionadas con los efectos agudos del consumo, que también producen consecuencias negativas para la salud, como las alteraciones cardiovasculares, de colon, problemas académicos y/o laborales, accidentes de tránsito, violencia, contagio de enfermedades infecciosas, embarazos no deseados, suicidio y problemas de salud mental (Bauman y Phongsavan, 1999; Alcalá, Azañas, Moreno y Gálvez, 2002, Londoño, García, Valencia y Vinaccia, 2005; Vickers, Patten y Lane, 2003). Sueño . Estado de reposo del organismo durante el cual la persona presenta bajos niveles de actividad siológica y no hay respuesta activa a estímulos del ambiente (Caballo, Navarro y Sierra, 1998). Algunas prácticas, como llevar una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico y manejar apropiadamente el estrés, combinadas con factores ambientales adecuados (temperatura, luz), favorecen un patrón estable y conveniente de sueño (Buela-Casal, Caballo y Sierra, 1996; Miró, Cano-Lozano, Buela-Casal, 2005). El sueño contribuye al estado de salud en la que medida en que, al lenticarse los sistemas corporales después de las actividades cotidianas,  permite al organismo recuperar la energía vital requerida. Por el contrario, la falta de sueño repercute en la capacidad de concentración, el estado anímico, el tiempo de reacción, el rendimiento físico e intelectual (Domínguez y Díaz, 2006). Sexualidad  . Incluye aquellas prácticas orientadas a dar y recibir placer involucrando el propio cuerpo y el de los otros, pero que  pueden ser de riesgo para la salud sino se toman precauciones o se hacen de forma inadecuada (e.g., uso del condón, utilización de métodos anticonceptivos, etc.) (Mesa, Barella y Cobeña, 2004; Caballero, 2004). Dentro de las principales consecuencias negativas para la salud de los jóvenes se encuentra el contagio de ITS y los embarazos no deseados (Mesa, Barella y Cobeña 2004). Según los autores, estos riesgos, se encuentran asociados, entre otros, a la frecuencia en las relaciones sexuales, el grado de información sobre los riesgos, los prejuicios, las ideas erróneas, la disminución de la edad de la menarquia, el tipo de educación sexual, los modelos de crianza, la falta de comunicación familiar, las deciencias del sistema educativo formal, los cambios en las escalas de valores, la percepción de invulnerabilidad y la poca  preocupación por su salud.  Relaciones interpersonales . Incluyen todo tipo de intercambio entre las personas, pueden ser fuente de apoyo social o instrumental, y en la juventud son importantes para el desarrollo social y el logro de objetivos profesionales, además, los iguales constituyen el principal referente social, porque de allí se escoge pareja o a aquellas personas con las que pueden compartir desde la intimidad hasta la realización de una tarea (Becoña Vázquez y Oblitas, 2004; Caballo, 1997; Salazar, Varela, Cáceres y Tovar, 2006; Salazar, Varela, Tovar y Cáceres, 2006). Esta dimensión del estilo de vida favorece el desarrollo de la persona y la solución de  problemas (Caballo, 1997).  Afrontamiento . Se reere a las estrategias que son llevadas a cabo por una persona para responder a demandas internas o del contexto, que son evaluadas como exigentes o superiores a sus recursos y posibilidades. Estas prácticas se entienden como parte de un proceso psicológico que implica esfuerzos a nivel cognitivo y conductual y que se acompaña de emociones negativas, como la ansiedad, la ira, el miedo, la tristeza, entre otras (Lazarus y Folkman, 1984; Lazarus, 1993). El afrontamiento tiene una función adaptativa que se reeja cuando las personas logran mejorar las respuestas corporales, disminuir las reacciones emocionales negativas, aumentar las emociones positivas, reforzar la autoestima, solucionar el problema y mejorar el funcionamiento y el ajuste social (Campos, Iraurgui, Páez y Velasco, 2004).  Estado emocional percibido . Se dene como la capacidad personal para identicar las condiciones somáticas o siológicas y las sensaciones asociadas a las emociones (e.g., ira y hostilidad, culpa, vergüenza, dolor, tristeza, alegría, esperanza, amor, etc.) que se  COMPORTAMIENTO Y SALUD DE LOS JÓVENES UNIVERSITARIOS: SATISFACCIÓN CON EL ESTILO DE VIDA 75  producen en respuesta a una situación concreta, constituida por estímulos externos relevantes  para la supervivencia, por el procesamiento de estímulos simbólicos o por la activación de memorias afectivas/emocionales (Lang, 1979; Ventura, 2002). El estado emocional suele considerarse otro de los elementos importantes en el afrontamiento de situaciones difíciles (Lazarus, 1993) y puede tener consecuencias directas en la salud (Amigo et al. 1998; Lazarus, 2000). Por ejemplo, un elevado nivel de estrés afecta el sistema inmunológico y, al igual que la ansiedad, puede llevar a asumir otros comportamientos de riesgo para la salud, como fumar, beber de manera excesiva alcohol, consumir drogas o alterar los hábitos alimentarios (Brannon y Feist, 2001). Por último, un aspecto considerado como relevante en el campo de los estilos de vida, es la satisfacción que se tiene sobre la vida, el estilo de vida en general, así como con las prácticas especícas cada dimensión del estilo de vida. Es importante señalar que una  persona puede valorar de manera distinta dos o más dimensiones de su estilo de vida, estando satisfecho con unas y no con otras. Este componente valorativo (“satisfacción con”) ha sido considerado dentro de las teorías clásicas de la motivación (Kandel, Schwartz y Jessell, 1997; Reeve, 1994), integrando componentes cognitivos y emocionales que tienen una función activadora, organizadora y directiva de la conducta del individuo con el n de lograr una meta especíca. Esto resulta congruente con lo propuesto por Clemente, Molero y González (2000), quienes señalan que la satisfacción con la vida y el estilo de vida corresponde a un juicio  basado en criterios personales, que atiende a las expectativas, las aspiraciones y los objetivos conseguidos por el sujeto, así como a la calidad de vida que percibe para sí mismo; pero a su vez se ve inuido por variables de tipo social (entre ellas, las sociodemográcas) y cultural. La  propuesta de Clemente et al. hace hincapié en que la valoración implica que el sujeto considere la distancia que existe entre la condición actual y aquella que se desea lograr, y, al pensar en términos de la motivación, bien cabría añadir que la conducta (o la modicación de ésta) es la que permitiría que la diferencia se redujera y el sujeto alcanzara la meta propuesta. Un ejemplo claro de integración de la satisfacción, la motivación y la conducta ocurre en el modelo transteórico (Prochaska y Norcross, 2001), aunque los autores no lo propusieran srcinalmente del modo en que se menciona en este trabajo. En el modelo se hace referencia a tres aspectos importantes que se requieren para comprender en qué etapa de cambio está el individuo, cuáles serían las tareas que debería llevar a cabo para progresar hacia la meta y las intervenciones que resultarían ecaces. Por un lado, se encuentra el nivel de conciencia que tiene el sujeto sobre su problema, lo que correspondería en el ámbito de los estilos de vida, a la identicación de una conducta perjudicial  para la salud; en segundo lugar, la presencia o ausencia de la intención del cambio y el tiempo en que se tiene pensado hacerlo; y en tercer lugar, los esfuerzos que realiza el sujeto para modicar su comportamiento, que en el caso de los estilos de vida correspondería a la disminución o eliminación de aquellos que deterioran la salud o a la aparición y mantenimiento de las conductas que la favorecen. El modelo transteórico muestra la importancia del reconocimiento que la persona realiza del problema para iniciar todo el proceso de cambio, de lo contrario, se considera que se encuentra en una etapa de precontemplación. En la perspectiva que plantea este estudio, el reconocimiento de que existe o no un problema, fue evaluado mediante la valoración del grado de satisfacción con las prácticas que hacen  parte de cada dimensión. Las dos fases nales que propone el modelo, la de mantenimiento y nalización, señalarían que el individuo ha logrado disminuir la distancia entre su conducta actual y lo que esperaba lograr y prácticamente ha terminado el proceso del cambio, aunque en la fase de mantenimiento tendría que realizar algunos esfuerzos para prevenir la recaída, mientras que aquello ya no ocurriría en la última etapa (Prochaska y Norcross, 2001).
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