Breve aproximación a la terapia de Carl Rogers

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  BREVE APROXIMACIÓN A LA TERAPIA DE CARL ROGERS Carl Rogers fue un psicólogo clínico estadounidense (1902-1987) muy influyente en la psicoterapia del siglo XX. Representante de la Psicología Humanista, sus planteamientos parten del rechazo de una psicología rigurosamente experimental o psicoanalítica porque considera que los supuestos deterministas y mecanicistas no pueden captar en su especificidad al sujeto humano autoconciente y libre. Su sistema, abierto a nuevos conocimientos y experiencias, tiene como centro el yo y la tendencia de éste a su autorrealización. Su técnica psicoterapéutica se denomina “terapia centrada en el cliente”, por pretender basarse en la dinámica personal y subjetiva de éste, al margen de teorías que la dirijan o manipulen. Es una terapia no directiva, siendo en la actualidad, el enfoque que mayor influencia ejerce sobre los psicoterapeutas y consejeros (counsellors) norteamericanos, por encima de Albert Ellis y el propio Freud. A diferencia de Freud, que consideraba la transferencia como uno de los pilares de su tratamiento, Rogers considera importante la empatía   para lograr la comunicación entre el cliente y el terapeuta, al que denomina “facilitador del grupo”. La comprensión empática es la conducta más importante y frecuente del terapeuta, y consiste en intentar comprender el significado exacto de lo que comunica cada persona. “El facilitador de un grupo que se reúne en forma intensiva, puede desarrollar un clima psicológico de seguridad, donde se genera en forma gradual la libertad de expresión y disminuyen las actitudes defensivas. De esa libertad mutua para expresar los sentimientos reales, positivos y negativos, nace un clima de confianza recíporca. Cada miembro (del grupo) se orienta hacia una mayor aceptación de la totalidad de su ser -emocional, intelectual y físico- tal cual es  , incluídas sus potencialidades”. (Rogers, 1970). Ha sido también un promotor de la dinámica de grupos, considerando muy importante la espontaneidad y la creatividad. “Trato de evitar todo procedimiento planeado de antemano, lo artificial me produce verdadero rechazo” (Rogers). Destaca la potencialidad terapéutica del grupo, la importancia de generar grupos de encuentro, donde, dicho por sus propias palabras, aprendió que los miembros de un grupo son tan terapéuticos como él mismo, o más aún, muchas veces cuando surgen situaciones conflictivas o graves dentro del grupo, los integrantes del mismo tienen una actitud de comprensión, de ayuda o de aliento hacia el otro miembro y esto surge cuando se trabaja sin un encuadre prefijado. “En aquellas situaciones en las que un miembro muestra una conducta a todas luces patológica, confío en la sabiduría del grupo más que en la mía propia y con frecuencia quedo profundamente sorprendido por la capaciad terapéutica de sus  integrantes” (Rogers). Algunas de sus obras: “Orientación psicológica y psicoterapia”, “ Psicoterapia centrada en el cliente”, “El proceso de convertirse en persona”, “Grupos de encuentro” entre otros.   Considera que todo ser humano tiene una tendencia innata a la superación constante, al desarrollo progresivo si encuentra presente las condiciones adecuadas: “el individuo tiene la capacidad suficiente para manejar en forma constructiva todos los aspectos de su vida que potencialmente pueden ser reconocidos en la conciencia". Cliente:  parte de no considerar a la persona como enferma, evitando rótulos, llamándoselo así y no paciente, porque se lo toma como aquella persona que responsablemente busca un servicio y participa del proceso terapéutico. Terapeuta:  llamado “facilitador”, funciona como un “alter ego”, situándose en el punto de vista del cliente. Aceptación y respeto son propios de la personalidad del terapeuta. En primer lugar aceptación de si mismo, y luego aceptación incondicional del cliente. “Mi esperanza es llegar a ser en el grupo, en forma paulatina, un participante y un facilitador a la vez” (Rogers 1970). Puede actuar como facilitador con alguna persona, pero también va descubriendo algún aspecto nuevo de sí mismo. Crea un clima de seguridad, aceptación y escucha. “El hombre, dice Rogers, es positivo por naturaleza, y por ello requiere respeto absoluto, especialmente en cuanto a sus aspiraciones de superación (Di Caprio, 1976). De ello se desprende que está contraindicado para el psicoterapeuta realizar todo tipo de conducción o dirección sobre el individuo; todo tipo de diagnóstico o interpretación, porque ello constituiría un atentado contra las posibilidades del sujeto y contra su tendencia a la actualización. Se exige, o mejor dicho, se recomienda, situarse en el punto de vista del cliente, asumir su campo perceptual y trabajar en base a ello como una especie de alter ego. Incluso la palabra "cliente" es asumida de una manera especial: el cliente es aquella persona que responsablemente busca un servicio y participa del proceso terapéutico de la misma manera; aquella, conciente de su capacidad de desarrollo no utilizada, que no va "en busca de ayuda" sino que trata de ayudarse a sí mismo. Esta actitud frente a la dignidad del paciente, la aceptación incondicional y el respeto que se le tiene cobran una importancia tal que se les consideran factores que favorecen u obstaculizan (de faltar) la adquisición del enfoque centrado en el cliente. Aceptación y respecto deben estar enraizados en la personalidad del terapeuta, formar parte esencial de su ser, y ello pasa,  antes que nada, por aceptarse a sí mismos. (Vásquez Olcese) En la terapia rogeriana, no se usan términos rotulatorios como paciente, enfermo, curación, diagnóstico. Términos que encasillan y dejan a la persona de manera pasiva frente a lo que le sucede. Aquí el rol es el de asumir que puede conocer sus propios recursos para salir adelante. “No se puede manejar eficazmente lo que no se percibe concientemente”. De allí la necesidad de ampliar el concepto de sí mismo del cliente, su self, y de incluir en él todo (o casi todo) lo que vivencia. Pero no se pretende hacerlo actuando sobre él sino, como dice Kinget, "acompañándolo" en la experiencia, brindándole las condiciones requeridas y dándole seguridad (Rogers y Kinget, 1971). Para ello es necesario un buen entrenamiento. Vásquez Olcese refiere respecto a la terapia rogeriana, que las actitudes del terapeuta deben ser trasmitidas de manera indirecta, impregnadas en las comunicaciones pero no formuladas abiertamente en ninguna de ellas. A veces esto no es comprendido planamente y por esta razón algunos asumen que la actitud centrada en el cliente consiste en ser pasivos e indiferentes, en "no entrometerse". Pero ello de plano es incorrecto y, más aún, es nocivo, porque la pasividad de hecho es asumida como rechazo; además, suele terminar por aburrir al sujeto al ver que no recibe nada. El enfoque plantea más bien que el terapeuta debe ayudar a clarificar las emociones del cliente, ser un facilitador en el proceso de hacerlas concientes, y por ello manejables y no patológicas. Pero no asumiendo un rol de omnisapiente y todopoderoso, que lleva al cliente de la mano diciéndole "Yo te acepto" y devolviéndole "masticadito" el material que éste le proporciona. Si hay respeto sincero y absoluto, procurará más bien que sea el cliente quien dirija el proceso. En este caso las intervenciones del terapeuta se plantearán como posibilidades, casi como ecos del material expuesto, y no como juicios de valor, afirmaciones o interpretaciones. Dentro de las actitudes del terapeuta se describen: −  Ayudará a clarificar las emociones del cliente (facilitará para que puedan hacerse concientes y de esta manera más manejables) −  No asumir el rol de omnisapiente y todopoderoso −  Las interpretaciones serán planteadas como posiblidades, como imágenes del eco del material presentado por el cliente, sin juicios de valor. Como algo que suena  igual y distinto a la vez. El cliente es el emisor y el receptor a la vez y siente que hay un otro que lo acepta. Se siente aceptado. −  Hay una aceptación incondicional y empatía en el terapeuta, sentimientos de respeto, comprensión. El cliente empieza a sentir que diga lo que diga o haga lo que haga, sólo recibe como eco, empatía y calidez, en lugar de consejos, diagnósticos o interpretaciones y así logra darse cuenta que “no es tan malo, tan raro o tan diferente como creía”. −  Promueve en el cliente, un aumento de la capacidad de expresar sus sentimientos. −  Las características personales que Rogers considera necesarias en todo buen terapeuta que intente instrumentalizar su enfoque son las siguientes: a) Capacidad empática; b) Autenticidad; c) Consideración positiva incondicional. −  Ello induce a pensar que el terapeuta centrado en el cliente no puede ser una persona común y corriente, sino alguien especial, que cuenta con la tranquilidad y la coherencia internas propias de la persona autorrealizada, autorrealización que intentará contagiar al cliente. Sin embargo, no debe verse al terapeuta como una persona superior; es alguien que sencillamente ha logrado dar libre paso a su capacidad de actualización, y que por lo mismo puede manejar con más eficacia y productividad su campo experiencial y ayudar a que los otros también lo hagan. −  La eficacia del facilitador disminuye cuando presiona al grupo, lo manipula, le fija reglas e intenta conducirlo hacia sus propias metas inexpresadas (Rogers 1970). −  “No me agradan los facilitadores que no participan en el grupo con sus emociones personales y permanecen a distancia, como expertos capaces de analizar el proceso grupal y las reacciones de los demás gracias a sus mayores conocimientos” (Rogers) Lic. Diana Cacciola Prof.Adjunta Departamento Psicología y Psicología Social Universidad John F. Kennedy dcacciola@kennedy.edu.ar agosto 2012 – C.A.B.A. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS CONSULTADAS:   Di CAPRIO, N. (1976) Teoría de la personalidad. México: Nueva Editorial Interamericana.   FRICK, W. (1973) Psicología humanística. Buenos Aires: Guadalupe.    HUBER, Ch. y L. BARUTH (1991) Terapia familiar racional-emotiva. Barcelona: Herder.   ROGERS, C. y Mariam KINGET (1971) Psicoterapia y relaciones humanas (dos tomos). Madrid: Alfaguara.   ROGERS, C. (1970) Grupos de encuentro (Amorrortu Editores) Argentina   ROGERS, C. (1972) Psicoterapia centrada en el cliente. Buenos Aires: Paidós.   ROGERS, C. (1978) Orientación psicológica y psicoterapia. Madrid: Narcea.   ROGERS, C. (1979) El proceso de convertirse en persona. Buenos Aires: Paidós.   ROGERS, C. y otros (1980) Persona a persona. Buenos Aires: Amorrortu.   ROGERS, C. y C. ROSENBERG (1981) La persona como centro. Barcelona: Herder.   VAZQUEZ OLCESE, César – Artículo publicado en la Revista Electrónica Actualidad Psicológica (reproducido con el permiso del autor).
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