Poder como hegemonía

Description
Poder como hegemonía

Please download to get full document.

View again

of 20
All materials on our website are shared by users. If you have any questions about copyright issues, please report us to resolve them. We are always happy to assist you.
Information
Category:

Educational Psychology

Publish on:

Views: 0 | Pages: 20

Extension: PDF | Download: 0

Share
Tags
Transcript
   1 PODER COMO HEGEMONIA: contingencia y articulación. “Botere-forma muturrekoena guztiak baten aurkakoa da, indarkeria-forma muturrekoena, berriz, bat guztien aurkakoa”. Hannah Arendt,  Indarkeriaz.   “La guerra no es la herida destinada a cicatrizarse en la regularidad de la política: es su fondo ineliminable” Simone Weil,  Pensamientos desordenados.   Una reflexión contemporánea sobre el poder no puede sustraerse de la coyuntura crítica que hoy padecemos. La crisis actual es realmente global, y no sólo porque afecta a gran parte del mundo desarrollado. Es una crisis profunda desde un punto de vista financiero y económico, sin duda, pero donde alcanza cotas nunca conocidas antes es en el ámbito político. La sensación de incapacidad, de despoderamiento afecta a casi todos: representantes políticos, expertos, grupos sociales y ciudadanía en general… No “podemos”, no “se puede” hacer frente a la situación, y no sabemos exactamente quién “puede” y cómo se le “puede” dar una salida eficaz. Una impotencia tan extendida, sólo  puede significar que unos pocos están violentando la voluntad de muchos. Y es que donde todo debiera ser contingente y sometido a discusión, donde todo debiera estar abierto al debate público, en ese lugar vacío del poder  1 , se ha instalado de forma hegemónica una visión del mundo que aparentemente no deja lugar a posibles alternativas. La lógica económica, mejor, una determinada lógica económica ha negado a la política. El espacio del debate, de la acción colectiva, de la decisión comunitaria  parece haber sido sacrificado en el altar de los mercados. Ese no-lugar donde la acción colectiva sólo reúne a agentes corporativos auto-interesados, la decisión de la comunidad es irrelevante y la discusión pública inexistente. Por eso, no hay poder en esta situación, pues el verdadero poder sólo aparece entre iguales. Lo que hay es un modelo hegemónico de sociedad desigual cuya violencia real, aunque normalmente no sangrienta, niega el poder, hace que la política sea irrelevante. El poder no es separable de lo político. En tanto en cuanto el antagonismo, como esencia de lo político, no puede dejar de ser pensado en términos de poder. La actual sobredeterminación de la política por la economía nos devuelve a un debate que creíamos superado. ¿Existe un lugar para lo político o simplemente es una esfera subordinada a lo económico? ¿En qué consiste la autonomía de lo político? 2   1  Es interesante la doble visión de Lefort y Laclau, mediada por Zizek, sobre ese lugar vacío del poder. Mientras el primero destaca la idea de que todo sustentador empírico del poder es “deficiente, contingente y temporario”, el segundo destaca el hecho de que ese detentador, para serlo, se ha vaciado/universalizado  para encarnar un todo social, de forma que el vacío pasaría a ser una forma de identidad. El segundo opina que el tercero, es decir, Zizek, no ha entendido esa diferencia. Se puede seguir este animado debate en: Laclau, E. (2008):  Debates y combates. Por un nuevo horizonte de la política . FCE. Buenos Aires. 2  Gran parte del pensamiento político posfundacional se ha ocupado de esta cuestión. Estos debates son herederos de la resurrección de la teoría política a mediados del siglo XX, de la mano de la pugna entre las perspectivas arendtianas y Schmittianas. Una obra de referencia para seguir la discusión   2 1.   El lugar de lo político: Arendt y Schmitt.  Zizek nos describe las diversas maneras de negar lo político 3 . En primer lugar, estaría lo que él denomina la archi-política,  que todo lo confía a la constitución de una comunidad idealizada de la que ha sido expulsado el antagonismo. Surge así “una tribu” que para evitar el conflicto interno no puede sino externalizarlo en un mundo que ya no es infinito. No obstante, el sueño de una comunidad política transparente, reconciliada, el cierre de lo social que agotaría ese antagonismo insuperable que es el núcleo esencial de lo político, sólo puede conducir al totalitarismo, cuando se pretende su consecución fáctica, o al idealismo ingenuo, cuando queda en el ámbito de las buenas intenciones. El organicismo que subyace a este modo archi-político, sea de base religiosa o gnóstica, étnica o técnico-científica, es negador de lo político. En segundo lugar, otra forma de negación sería la que Zizek define como para-política  (D). Esta modalidad nos conduce a una forma de entender la política como  policía reguladora de una competición oligárquica entre actores partidistas. El modelo de mercado, aplicado al ámbito político, se alimenta de la misma ilusión que ilumina la economía liberal: la competencia conduce al equilibrio y los intereses individuales agregados se identifican automáticamente con el interés general. Algo que en la coyuntura actual, si cabe, es todavía más incierto. No en vano, siguiendo el esquema schumpeteriano, la estabilidad social y política (por tanto, interés general) no están indisolublemente unidas al progreso económico, ya que los ciclos de crecimiento y crisis son inevitables, sean cuáles sean sus costes. Es más, su concepto de “Destrucción Creativa”, esencia del capitalismo, se ha convertido el leitmotiv inspirador de la actual hegemonía neoliberal 4 : los emprendedores deben destruir para crear, y al estado sólo le quedaría favorecer la actividad de esos emprendedores. Una política al servicio de las élites empresariales que en su afán de enriquecimiento deben destruir (empleo) para crear (empleo). Además, este modelo económico aplicado a la política, no sólo la jibariza, sino que le impone sus metáforas, de modo que unos pocos ciudadanos políticamente activos conducen a unas masas-consumidoras cuya posición es eminentemente pasiva. La ciudadanía se convierte así en objeto de la política, elige (con límites) pero nunca decide, no es sujeto. La metáfora del mercado no permite una integración de demandas externas al sistema, y, por supuesto, impide el equilibrio interno de la  polis , no iguala las diversas  posiciones de sujeto en el seno de la comunidad política, pues su funcionamiento contemporánea es Marchart. O. (2009):  El pensamiento político posfundacional. La diferencia política en  Nancy, Lefort, Badiou y Laclau.  FCE. Buenos Aires. 3  Zizek, S. (2009):  En defensa de la intolerancia.  Sequitur. Madrid. Oliver Marchart recoge esta clasificación de Zizek en el capítulo final de la obra citada más arriba (Marchart 2009), entendiéndola como una adaptación de otra similar planteada anteriormente por Ranciére. La que aquí proponemos parte de una elaboración realizada en nuestra tesis doctoral, que posteriormente ha sido refundida con la de Zizek. 4  Thomas K. McCraw. (2007):  Prophet of Innovation. Joseph Schumpeter and Creative Destruction . Harvard University Press.   3 normalizado sólo puede basarse en una combinación de igualdad jurídica formal –como contratante–, y desigualdad material. Ahí, lo político desaparece por la alienación de un consumidor cautivo, un ciudadano convertido él mismo en objeto de consumo. 5   Fig 1. Los lugares de lo político. En tercer lugar, el filósofo esloveno define otro modo de negación, el de la meta-política  marxista, que reconociendo la existencia de un conflicto político lo reduce a una mera sombra de la verdadera realidad, la que se desarrolla en el escenario económico. Desde nuestro punto de vista, esta negación meta-política podría entenderse como una variación de la anterior, en la medida en que, como el propio Zizek reconoce, el pensamiento marxista (no utópico) no entiende que lo político sea pura apariencia de lo económico, sino que considera que lo verdaderamente político está precisamente en el corazón mismo de la economía, que, en este caso, se muestra tal y como hemos descrito más arriba: esa especial forma política (policial) de negar lo político que impone la ideología liberal. 5  Nos lo recuerda brillantemente Bauman: “En una sociedad de consumo todo es a elección, salvo la compulsión a elegir, la compulsión que se convierte en adicción y que por lo tanto deja de percibirse como compulsión”. Bauman, Z. (2002):  Modernidad líquida . FCE. Buenos Aires.   4 Del mismo modo, Zizek nos habla de la excrescencia posmoderna de esa  política-policía, la post-política , que se desenvuelve como una suerte de alternativa moral al verdadero espacio de lo político, el del protagonismo colectivo. Esta post- política se fundamentaría en una colaboración poco competitiva entre expertos – desaparecen las divisiones ideológicas–, que elaboran un consenso universal, un discurso políticamente correcto, de convivencia pacífica y tolerante entre proyectos vitales particulares. Al tiempo, la post-política propone modelos de participación ciudadana tecnocráticos –nueva administración pública–, que buscan activar a la ciudadanía sobre bases eminentemente individualistas. 6  Cercano a esta visión, el modelo deliberativo (C) habermasiano, que funciona subordinado al modelo representativo tradicional, pretende conciliar la racionalidad liberal (derechos individuales) y la legitimidad democrática, expresada por la soberanía  popular. Sin embargo, según Mouffe, la pretensión de pacificar la tensión conflictiva entre el principio liberal y el democrático por medio de una soberanía popular entendida como libre comunicación intersubjetiva es un esfuerzo banal o, según los casos, malintencionado. La conciliación entre la libertad de los antiguos (ciudadanos libres  porque deciden colectivamente) y de los modernos (ciudadanos libres para decidir individualmente), no puede resolverse por medio de modelos conversacionales de la  política que prefiguran un consenso autolimitado. El modelo “mesa-redonda” que la democracia deliberativa propugna adolece de un escaso grado de inclusividad: el derecho a ocupar una silla alrededor de esa mesa no se obtiene a priori. Además, la racionalidad en la interlocución nunca puede autonomizarse de la relaciones de poder preexistentes, por lo que el consenso, entendido como fin en sí mismo, sólo puede enmascarar una situación de dominación. Los esfuerzos teóricos como los de nuestro colega y maestro Pedro Ibarra (Ibarra 2008) para radicalizar los aspectos inclusivos del modelo deliberativo, proponiendo “arreglos institucionales” que lleven al límite la participación ciudadana pueden permitir acercar estas perspectivas a un espacio verdaderamente político, siempre y cuando seamos conscientes del límite intrínseco que toda deliberación tiene, que no es otro que el carácter irreductible del antagonismo. 7   6  Según Zizek, este modelo de des-politización necesitaría un suplemento, el que ofrece el populismo xenófobo, para mantener suficientemente activado el sujeto político de la forma menos peligrosa para un sistema que, bajo un discurso multicultural desmovilizador, es precisamente el principal impulsor de movimientos de mano de obra masivos que le permiten mantener la tasa de ganancia y el desmantelamiento de los derechos laborales ganados en la posguerra. La izquierda, incapaz de responder estratégicamente a esta última estrategia de fondo, está “condenada” a defender éticamente el modelo multicultural demoliberal –la apariencia del sistema–, frente al embate ultraderechista, suplemento necesario del mismo. Zizek adapta aquí el mismo modelo de análisis marxista clásico aplicado al fascismo de entreguerras como “suplemento” movilizador (“técnica” diría Poulantzas) que el capitalismo construye para evitar la movilización izquierdista ante la crisis de los años treinta. Zizek, S. (2005):  Against the populist temptation . Critical Inquiry. 7  Nuestro compañero Marcos Engelken ha analizado el modelo relacional de Ibarra y sin dejar de contemplar sus dilemas – participación elitista, neocorporativismo asociativo, sociedad civil como sujeto excesivo de soberanía–, lo considera un buen ejemplo normativo-analítico del republicanismo moderno. Alguno de esos dilemas, sin embargo, nos conducen a compartir la perspectiva arendtiana en relación con la construcción necesaria de lo político “fuera” de la sociedad civil. Engelken, M. (2010): Las instituciones del republicanismo moderno. Notas sobre el modelo de democracia relacional. APOSTA. Rev. de CC.SS. no 47, Octubre, Noviembre y Diciembre 2010   5 Una democracia relacional puede sostener ciertos principios normativos como los que señala Ibarra en su obra –inclusividad, apertura de foros, simetría de los actores, argumentación pública, etc–, pero como nos recuerda Mouffe, citando a Wittgenstein, “los procedimientos siempre implican compromisos éticos sustanciales y nunca puede existir nada que se parezca a unos procedimientos puramente neutrales”. (Mouffe 2008:110) De ahí que Chantal Mouffe sea especialmente beligerante frente a este modo de negación de lo político que anula aparentemente el antagonismo. En su crítica del “centro radical” de la tercera vía, nos recuerda que la democracia pluralista requiere la creación de identidades colectivas en torno a posturas claramente diferenciadas, así como la posibilidad de elegir entre verdaderas alternativas, algo que la post-política niega absolutamente. Compartimos con Mouffe la idea de que la transformación de las relaciones de poder no se puede realizar sin trazar fronteras políticas y sin definir un adversario o incluso un enemigo. 8  Esta última afirmación nos coloca en el límite mismo de lo político, o en su verdadera esencia, si adoptamos el punto de vista de Carl Schmitt en su obra clásica de 1932:  El    concepto de lo político. La especificad y la primacía de lo político residiría, según Schmitt, en la distinción amigo/enemigo, la “más poderosa e intensa de las distinciones y categorizaciones”. (Schmitt, 1996:27). Como destaca Marchart, la visión  bélica (A) de lo político prima el momento disociativo, antagónico, pero, al tiempo, supone la asociación máxima, la aparición de un ciudadano hiper-activo, un ciudadano-militante que asume el sacrificio de su individualidad en aras de lo público. El ciudadano griego, es activo, ante todo, porque es un soldado de la  polis . Pero es un soldado que defiende la frontera exterior, no se inmiscuye en la definición del orden interno de la polis. La política –bélica hacia el exterior– se convierte en “policía” hacia el interior, según el modelo al que antes nos hemos referido. Incluso el propio Schmitt, en esa pérdida de lo político en el seno de lo estados, anticipa ya la post-política de la  politesse , una forma educada, lúdica de la  política, que aparentemente ha superado los antagonismos. Sin embargo, la “demasiada” actividad que el modelo schmittiano llega a exigir a una ciudadanía convertido en objeto, puede colocarse en el límite de la negación de lo  político: aquello que es su esencia, es (o puede ser, en alguna de sus expresiones) su aniquilación. De ahí que, según el modelo de Zizek, la última forma de negación de lo  político sería la ultra-política  o la identificación de la misma con la guerra. La despolitización del conflicto por medio de la militarización extrema es, en su expresión máxima –la guerra total–, la manera más dramática de negar la doble naturaleza de lo  político –   polis  (convivencia) y  polemos (conflicto), exacerbando uno de sus extremos. La guerra total no conoce fronteras, es interna y externa al tiempo, y, por ello, es negadora de la política, de la convivencia conflictiva. Es precisamente la experiencia de la guerra total de los años treinta y la amenaza de “la guerra final” en los cincuenta del pasado siglo la que anima a Hannah Arendt en su reflexión sobre la esencia de lo político. La politización extrema de los totalitarismos que se convierte en enemiga de la libertad y el hecho de que la propia vida humana en la 8  Mouffe, C. (2003):  La paradoja democrática . Gedisa . Barcelona.
Related Search
We Need Your Support
Thank you for visiting our website and your interest in our free products and services. We are nonprofit website to share and download documents. To the running of this website, we need your help to support us.

Thanks to everyone for your continued support.

No, Thanks