La Vita Antonii de San Atanasio de Alejandría

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  1 V IDA DE A NTONIO DE S AN A TANASIO DE A LEJANDRÍA ,   D OCTOR DE LA I GLESIA   Xavier Prevosti Vives 30.IV.2005   L San Atanasio Magno San Atanasio el Grande (-295- 373), “columna de la Iglesia” 1  y padre de la ortodoxia, es conoci-do por su firme salvaguardia de la fe tradicional contra las espurias y vacías especulaciones de los arri anos. “En su persecución se conjuró casi todo el mundo, defendió victoriosamente la fe católi ca [...] contra emper  adores, gobernantes, e innumerables obispos arríanos” 2 . Más de diecisiete años estuvo a lo largo de cinco destierros separado de su pueblo y no sin perder el celo o ánimo. Sencillo y amable, humilde y fiel a su misión por amor al Señor, buscó siempre la ve rdad a pesar de que “el orbe entero gemía viéndose arriano”. Intransigente transigió y se reconcilió con lo s semiarrianos  políticos, vanos y poco firmes, pero sustancialmente ortodoxos. Su fidelidad a Nicea contribuyó a la integración del lenguaje metafísico griego en la formulación del dogma cristiano acerca de la consubstancialidad del Hijo y el Padre 3 . Su precisa distinción entre „generación‟, como emanación según naturaleza, y „creación‟, como divina causación libre, ejerció influencia en la teología tr  initaria de San Basilio 4 . “El cultísimo Focio (820 -897) [...] reconocía que «todo el tesoro de doctrina de los grandes Doctores griegos, de san Basilio de Cesárea, llamado el Grande, de san Gregorio  Nacianceno, llamado el Teólogo, viene a ser como riachuelos que brotan del manantial caudaloso de Atanasio de Alejandría»” 5 . Sin embargo hay que reconocer en él un carácter particularmente religioso con preeminencia so- bre la especulación teológica. Por esta razón, y como quien busca las raíces de tan firme defensa de la fe, hemos preferido estudiar la Vita Antonii  antes que, por ejemplo, las Oraciones contra Arianos 6  .  Precisamente su temperamento no especulativo sino de fidelidad a la fe recibida, unánimemente reconocido por los especialistas, viene a desmentir aquel juicio según el cual san Atanasio habría interpolado, en interés de sus controversias antiarrianas, elementos extraños al verdadero  pensamiento de san Antonio 7 . Mucho más probable parece que el ejemplo de santidad y la doctrina 1  Cf. S AN G REGORIO  N ACIANCENO , Oratio  21, 26 (MG 35, col. 1111). 2   “In cujus persecutionem univérsus fere Orbis conjuráverat. Ipse tamen cathólicam fidem [...] adeversus Imperatóres ac Praésides et innúmeros Epíscop os Ariános strénue propugnavit”,    Martyrologium romanum , Typis polyglottis Vaticanis 1948, día 2 de mayo correspondiente a la festividad de san Atanasio, p. 101 3  Cf.  Historia de la filosofía medieval,  F.   C ANALS V IDAL , Herder, Barcelona 21992, p. 35 4   “Immerhin läß t Basilius von Casarea Einflusse athanasianischer Trinitätslehre erkennen, und gelegentlich gilt ihm schon „Eifer für Athanasius‟ als Ausweis von Rechtgläubigkeit (ep. 125)” , M ARTIN T ETZ , TRE ( Theologische  Realenzykplopadie ,  Walter de Gruyter, Berlín - New York 1979), voz:  Athanasius ,  Band 4, p. 346. 5    Los siete primeros concilios,  F.   C ANALS V IDAL , Scire, Barcelona 2003, p. 42. 6   M. Tetz reconoce que “neben den antiarianisch gerichteten Schriften des Athanasius, die die His torie des arianischen Streits für viele Jahrhunderte bestimmt haben, hat die Vita Antonii  die größte Wirkung gehabt. [...] Das Werk wurde Vorbild vieler Heiligenviten ” , M.   T ETZ , TRE, voz:  Athanasius ,  Band 4, p. 346. 7   Esta es la postura de M. Tezt sugerida con una ligera ironía en su artículo en la TRE: “Ihr [die Vita Antonii ]   Abstand zu den Antonius-Apophthegmen ist evident: Antonius, als vollkommener Christ, spricht und denkt wie Athanasius. Der Bischofskirche eingegliedert, wird der Monch «zu deren Anwalt, einstimmend in ihre Lehre, überzeugend durch sein Leben» (Dorries 198). Kirchlicher, dogmatischer und asketischer Forderung entspricht der Antonius der Vita ,  entspricht  2 de un Antonio ejerciesen en el gran Doctor de la Iglesia una influencia decisiva y no a la inversa; más aún si se admite el srcen pagano del patriarca alejandrino 8  y su contacto en la juventud con los monjes del desierto y con san Antonio. No obstante esta tesis requeriría un estudio más  pormenorizado de los textos, y un análisis comparativo con los Apotegmas de san Antonio. 2.  La “Vida de Antonio”    “Tomando él [Ponticiano] entonces la palabra, comenzó a habla rnos de Antonio, monje de Egip-to, cuyo nombre era celebrado entre sus fieles y nosotros ignorábamos hasta aquella hora. Lo que como él advirtiera, detúvose en la narración, dándonos a conocer a tan gran varón, que nosotros desconocíamos, admirándose de nuestra ignorancia. Estupefactos quedamos oyendo tus  probadísimas maravillas realizadas en la verdadera fe e Iglesia católica y en época tan reciente y cercana a nuestros tiempos. Todos nos admirábamos: nosotros, por ser cosas tan grandes, y él, por sernos tan desconocidas” 9 . Con estas palabras testimonia el obispo de Hipona la influencia de la sucinta pero rica obra biográfica en la vida religiosa de la Iglesia. En efecto, si la fama de san Antonio ya en vida suya alcanzaba los límites del Imperio romano 10 , cuanto más aumentó gracias a la semblanza de san Atanasio que los especialistas datan en torno al 357 poco después de la muerte del ermitaño 11 . Después de una presentación de la infancia, vocación y los inicios de la vida ascética del monje que va desde el capítulo primero al dieciséis, san Atanasio introduce un largo discurso del ermitaño a sus discípulos ascetas (16,1b hasta 43,3). A partir de aquí la obra se desenvuelve ya en plena madurez de san Antonio y narra diversos sucesos característicos de su vida (la afluencia de gente a su persona, la vida de ascesis, las tentaciones de los demonios, una disputa contra unos filósofos, su condena del arrianismo, el retiro al desierto interior, sus curaciones y visiones proféticas, etc.) además del carácter humilde, benévolo y afable del santo. A modo de conclusión nos gustaría destacar como diversos elementos que merecerían cada uno extensos estudios pormenorizados no propiamente patrísticos pero que nos ha sugerido la lectura de la Vita Antonii.  Se trata de cuestiones presentes en la conciencia de san Antonio según lo describe san Atanasio y que nos parecen patrimonio común de todo creyente como se refleja en santos muy distantes en tiempo y época. La realidad personal de los demonios, muchas veces negada o reinterpretada contra el sentir ge-neral de los propios santos, aparece en este caso con toda claridad. Tanto las tentaciones en los inicios de su vida ascética como en el discurso a los monjes (16, 1b - 43, 3) giran casi aber a uch zu seinem Teile Athanasius“,  M.   T ETZ , TRE, voz:  Athanasius ,  Band 4, p. 347; Por otra parte G.J.M. Bartelink sostiene que la tesis de Tetz según la cual “Sérapion ait rédige lui - méme une Vie, qu‟Athanase aurait incorporée dans sa  propre Vie d’Antoine ,  ne semble pas prouvé. Les arguments linguistiques et stylistiques allégués par Tetz pour attribuer certaines parties de la VA  á Sérapion ne nous semblent pas tout á fait convaincants. Nous sommes plutôt frappés par la grande unité de style de la VA ”,  G.J.M.   B ARTELINK  ,    Athanase d’Alexandrie. Vie d’Antoine,  Sources chrétiennes 400, Paris 1994, p. 35. 8  Tesis sostenida paradójicamente también por M. Tetz. Cf. TRE, voz:  Athanasius,  Band 4, p. 334.   9  S AN A GUSTÍN , Confesiones , VIII, 6, 14-15, BAC 11, Madrid 8 1991, p. 324-325. 10   “¿Pues por qué motivo en Hispania y en la Galia, en Roma y en África se oía hablar de este hombre que estaba oculto y sentado en la montaña, sino por intervención de Dios que, por todas partes, hace conocidos a sus hombres y que al  principio prometió esto a Antonio?” , S AN A TANASIO , Vida de Antonio ,  93, 5, (Usamos para nuestro trabajo la traducción de Paloma Rupérez Granados en la Editorial Ciudad nueva. Biblioteca patrística 27, Madrid 1995; desde ahora citamos VA), p. 126. 11  Cf. G.J.M.   B ARTELINK  , o.c.,    p. 27ss.  3 mayoritariamente en torno a las diversas argucias y artimañas que emplean los demonios para hacer desistir al cristiano de su vida virtuosa, y entorno a los remedios eficaces contra ellos. En este sentido es clarísima la conciencia que tiene san Antonio de la impotencia de los diablos y de su sujeción al  poder divino: “No hay que temerlos, pues todas sus maquinaciones son reducidas a nada por la gracia del Señor” 12 ; “Pero comprendió el engaño del enemigo, y dijo a todas [las bestias]: «Si habéis recibido algún poder contra mí, estoy preparado para ser devorado por vosotras. Pero si habéis sido enviadas por demonios, marchaos inmediatamente, pues yo soy siervo de Cristo». Al oír las palabras de Antonio, huyeron per  seguidas por sus palabras como por un látigo” 13 ; “Y lleno de confianza seguía diciendo: «Si podéis hacer cualquier cosa contra mí, no esperéis, atacadme; pero si no podéis, ¿por qué alborotáis inútilmente? La señal y el muro para protegemos es la fe en nues tro Señor»” 14 . La lectura de estos textos entre otros nos pareció muy acorde con experiencias y testimonios semejantes a los que muestra, por ejemplo, un san Francisco Javier ante los peligros de muerte en su  próximo viaje a la China: “Pues por su santa mi sericordia nos comunicó estos deseos, desconfiar ahora de su misericordia y poder, por los peligros en que nos podemos ver por su servicio, es mucho mayor peligro [...] de lo que son males que nos pueden hacer todos los enemigos de Dios; pues  sin licencia ni permisión de Dios, los demonios y sus ministros en ninguna cosa nos pueden empecer  ” 15 . Igualmente testimonian la sujeción de los demonios al poder divino a pesar de todas sus acechanzas santos más modernos como san Juan M a  Vianney 16  o el santo Padre Pío de Pietrelcina 17 . Es también notable la semejanza de algunas reglas de los Ejercicios de san Ignacio de Loyola con consejos y criterios de discernimiento de espíritus del santo ermitaño del siglo IV. “La incursión y la aparición de espíritus malos vienen acompañadas de estrépito, ruidos y gritos [...] al momento se  produce el temor del alma, la agitación, los pensamientos desordenados, el abatimiento, el odio contra los ascetas, la desgana, la tristeza. [...] El gozo y la tranquilidad del alma indican la santidad del que se presenta. [...] Pero si al aparecer ciertas visiones se produce agitación y ruidos externos, representaciones mundanas, amenazas de muerte y todas aquellas cosas que ya he dicho, sabed que los espíritus malvados han llegado” 18 ; “las visiones son muchas veces consuelo de las fatigas” 19 . Análogamente dice san Ignacio en la primera reglas de segunda semana: “propio es de Dios y de sus ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo spiritual, quitando toda tristeza y turbación, que el enemigo induce; del qual es propio militar contra la tal alegría y consolación espiritual, trayendo razones aparentes, sutilezas y asiduas falacias” 20 . Podrían, en un estudio más detallado, hallarse muchas más semejanzas de criterios y experiencias místicas cuya identificación en santos social e históricamente tan remotos y dispares 12   VA,  24, 9. 13   VA,  52, 3-4. 14   VA,   9, 10.   15   S AN F RANCISCO J AVIER  ,   Cartas y escritos de san Francisco Javier,  Documento 131,4, BAC 101, Madrid 1953, p. 530. 16   “Hija mía, replicó [Juan M a  Vianney], no hay por qué tener miedo: es el demonio. No puede nada contigo; a mí también me atormenta. Algunas veces, me coge de los pies y me arrastra por el cuarto. Esto lo hace porque convierto almas a Dios”,  Proceso del Ordinario,  p. 1026 citado en F RANCISCO T ROCHU ,    El cura de Ars. San Juan María B. Vian-ney,  Editorial litúrgica española, Barcelona 2 1932, p. 293 17   Véase, por ejemplo la biografía de L EANDRO S ÁEZ DE O CÁRIZ ,  Pío de Pietrelcina. Místico y apóstol,  San Pablo, Ma-drid 1999, p. 106-109   18   VA,   36, 1-5.   19   VA,   66, 8. 20  S AN I GNACIO DE L OYOLA ,  Ejercicios Espirituales,  n° 329. Tomado de Obras completas de san Ignacio de Loyola,   BAC, Madrid 1952, p. 230.  4 solamente se explica alegando a su carácter sobrenatural, es decir, sosteniendo que se trata de dones del Espíritu Santo. Finalmente quisiéramos destacar cómo incluso en cuestiones doctrinales de fe concuerda el conocimiento que tiene san Antonio sobre los misterios divinos con las enseñanzas de los teólogos y del Magisterio eclesiástico. Así, por ejemplo, dice que “es una impiedad decir que hubo un mo mento en que no existía, pu es el Verbo siempre ha existido junto al Padre” 21 . “Luego, ¿qué es mejor, decir que el Verbo de Dios no erró, sino que permaneciendo el mismo, tomó un cuerpo humano para salvación y bien de los hombres, para que, participando de un nacimiento humano, hiciera partícipes a los hombres de aquella naturaleza divina y espiritual, o bien, hacer a Dios semejante a los seres  privados de razón [...]?” 22 . La congruencia de estas afirmaciones con la fe de Nicea y con la doctrina de san Atanasio nos parece, no tanto una interpolación del obispo alejandrino para defender su  postura antiarriana con el testimonio de san Antonio, como ya apuntamos arriba, sino más bien una muestra de cómo la teología bebe y se subordina a la fe recibida de la Iglesia cuyo srcen es la Sagrada Escritura y la Tradición apostólica, lugares srcinarios de la revelación divina. En este sentido entendemos el diálogo de san Antonio con dos filósofos a los cuales les hace ver que es antes la mente que las letras y que por tanto “el que tiene la ment e sana no necesita de las letras” 23 . Finalizamos este breve resumen con estas sencillas anotaciones que merecerían un estudio en otros tratados teológicos que dejamos abierto para otra ocasión. 21   VA,   69, 4.   22   VA,   74, 4-5.   23   VA,   73, 3. Jaime Balmes escribe en su Filosofía fundamental: “Por mi parte no quiero ser más que todos los hombres; no quiero estar reñido con la naturaleza;  si no puedo ser filósofo, sin dejar de ser hombre, renuncio a la filosofía y me quedo con la humanidad  ‟ (Jaime Balmes,  Filosofía fundamental,  1. 1, c. 34, n° 340). Análogamente podríamos decir: si no puedo ser teólogo, sin dejar de ser creyente, renuncio a la teología y me quedo con la fe. Notemos, no obstante, que  precisando habría que decir „renuncio a la falsa o aparente teología‟, pues por ser la teología en sí misma b uena y ordenada a la inteligencia de la fe, habría que concluir que aquellas tesis “teológicas” que vienen a derribar la fe de la Iglesia, son tesis extrañas a la teología e impropiamente teológicas.
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