LA TRADICION ANDINA EN TIEMPOS MODERNOS Los Esclavos de la Virgen de la Puerta: Historia y Ficción del Pasado

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  LA TRADICION ANDINA EN TIEMPOS MODERNOS 191 Los Esclavos de la Virgen de la Puerta Historia y Ficción del Pasado uis Millones Seminario Interdisciplinario de Estudios Andinos iroyasu Tomoeda Museo Nacional de Etnología Otuzco queda a 72 kilómetros de Trujillo. Pero ésta es una distancia engafiosa, ningún vehículo puede recorrerla en menos de dos horas y fracción, debido a lo estrecho del camino y al mal estado en que se encuentra. La ciudad está a unos 2,638 metros sobre el nivel del mar y se llega bordeando el río Moche que se divisa al fondo de las quebradas que se suceden ante de llegar a Otuzco. Aunque el censo de 1993 nos habla de 21,786 habitantes para todo el distrito, es imposible pensar en esa cifra cuando se camina por las calles de la ciudad. La impresión general es de algo menos de la mitad, lo que se confirma por el número de casas cerradas con candados y trancas, que sólo se abrirán cuando los agricultores regresan a la capital de la provincia, lo que sucede una vez por semana con intermitencias (Foto. 5). Las papas y menestras (lentejas, frijoles, palIares y garbanzos) son los cultivos más importantes, entre las que destaca la arveja verde, a la que se conoce con el nombre de chucar . En los mercados se suele encontrar yucas y maíz, aunque en cantidades más modestas. Los primeros cultivos son infaltables en la dieta alimenticia, que se completa con cuyes, carne de cerdo y aves de corral. Sobresale la crianza de pavos, animal de valencias simbólicas en Otuzco, cuyos habitantes suelen ser llamados pavos por los pueblos vecinos. Sus plumas adornan las vestimentas de los danzantes en las festividades locales. El ritmo cansino del quehacer cotidiano se altera al compás del calendario ceremonial, tal como sucede en otros pueblos de la sierra peruana. Como en todos ellos, la fiesta patronal opaca con su poder de convocatoria a todo otro espectáculo. La festividad es muy antigua y es probable que se escindiera·del culto rendido a Nuestra Señora de la Concepción de Otuzto. En 1792 consta documentalmente (Archivo Arzobispal de Trujillo. Cofradías, legajo 7) que existía una sola cofradía que agrupaba los hermanos dedicados al culto de Nuestra Sefiora de la Concepción, venerada tam-bién con el título de Nuestra Sefiora de La Puerta, en el pueblo de Otusco . En 1806, el cura del lugar, José Tadeo del Campo y Caballero, al detallar los fondos y rentas de las cofradías, especifica separadamente la de Nuestra Sefiora de la Purísima Concepción (a la que llama Patrona ) y la de Nuestra Madre Sefiora de la Puerta . Si tal escición existió debió producirse por esta fecha. Curiosamente la cofradía de la Virgen de la Puerta ya tenía mayores ingresos que la Virgen de la Concepción (A.A.T.  192 L Millones y H. Tomoeda Intendencia Eclesiástica, legajo 374). En Otuzco, la festividad de la Virgen de la Puerta es mucho más que una celebración local. No menos de 100,000 personas copan todos los espacios posibles de la ciudad, y durante una semana 11 al 6 de diciembre) se vive el frenesí de lo que se considera como la fiesta tradicional más importante del Norte del país (Foto. 6). Las celebraciones son organizadas por el Comité Central de las Fiestas Patronales de la Virgen de la Puerta. Su conformación es anual y se constituye a partir de los representantes de los caseríos cuyo aporte sustentará la celebración. Dado el carácter agrícola de la región, la población de Otuzco que no habita en el perímetro de la ciudad está dispersa en pequefias concentraciones de viviendas, cuyos habitantes (13,549 según el censo de 1993) sólo visitan la capital del distrito para proveerse de herramientas, para transacciones comerciales o de carácter burocrático, y sobre todo para las festividades más importantes. Como dijimos, la actividad agrícola es la que da ocupación a la mayor parte de la población que tiene más de seis afios (3,766 en el censo mencionado), sin tomar en cuenta las profesiones relacionadas o dependientes de la agricultura. Cuatro de estos caseríos y la capital lideran a los demás (que son en total alrededor de cuarenta) en la organización de la fiesta. Se trata de Huangamarca, Pollo, Sanchique, Allacday y el propio Otuzco. En 1994, le tocó a Huangamarca ser la cabeza de doce caseríos (Pango, Tarnihual, La Libertad, Tambillo, Juan Velasco, Tres Cerros, San Francisco de Surco, Bellavista, Magdalena de Purruchaga, Pusunchás y Pichampampa), en 1995 será Pollo quien encabece a otros tantos caseríos. Sanchique, Allacday y la capital le seguirán en esta tarea. Si se mira las localidades en un mapa, se podrá visualizar que las obligaciones se desplazan siguiendo la dirección contraria a las agujas del reloj. Reunidos todos los delegados, elegirán cada año a un representante de los caseríos responsables que de inmediato será incorporado al Comité de Fiesta como presidente. A su lado el párroco de Otuzco, el alcalde de la ciudad y el presidente de la Herman-dad de la Virgen de la Puerta trabajarán con empefio para el buen desenvolvimiento de las festividades. En 1994, don Atilio Avalos de la Cruz presidió el comité, e incorporó al Subprefecto para mejor control de los fondos . Los caseríos aportan con el dinero suficiente para contar por lo menos con una banda de músicos (30 personas, cuyo costo aproximado es de 4,000 soles o sea 2 mil dólares, suma que cobran por tocar dos días: 14 y 15 de diciembre). Se supone que el alojamiento y la comida les serán proporcionados por los anfitriones. Además el caserío debe invertir en un castillo , armazón de cohetes cuyo precio varía entre 2,000 y 800 soles, globos de papel (la docena 120 soles), cohetes de golpe (la gruesa a 120), cohetes de luces la gruesa a 120 soles), etc., etc. Naturalmente se espera que cada caserío, en abierta competencia con los demás, pueda contratar más de una banda y hacer quemar varios castillos, y que se mate de una a tres reses para alimentar a músicos e invitados. No estamos mencionando las bebidas, solamente la Compañía Pilsen Trujillo envió a Otuzco entre 30 y 35 mil cajas de cerveza en el mes de diciembre 1 caja es igual a doce botellas); las otras compañías: Cristal y Pilsen  Los Esclavos de la Virgen de la Puerta 93 Callao, debieron mandar mil y seis mil cajas respectivamente; el precio de cada caja era de 25 soles para los vendedores locales. El cálculo aproximado de las autoridades de los caseríos es de un gasto de 170,000 nuevos soles para cada una de sus jurisdicciones, durante la fiesta. Es por eso que una vez elegidos los ,responsables, en abril o mayo de cada año, se entregan de lleno a la tarea de conseguir fondos y hacer quedar bien a su patria chica. Las cifras consignadas hacen muy plausible el cálculo de don Atilio, que mencionaba alrededor de dos millones de nuevos soles, como el costo de las festividades de la Mamita de la Puerta en 1994. Conste, además, que no se incluye el aporte de los particulares o de gremios urbanos, como el magisterio, que colabora con diez castillos el día 13, o del tradicional apoyo de los gremios de comerciantes del mercado, como por ejemplo los panaderos, que años atrás subvencionaron a determinados conjuntos folklóricos. También hay que tomar en cuenta los esfuerzos de la Municipalidad y de la Hermandad, que se solidarizan con los caseríos en las gestiones para financiar el boato de la fiesta. La celebración comienza formalmente el día 12 de diciembre, en que se arregla el altar de la Virgen y se culmina la novena en su honor. En la noche se lleva a cabo una verbena popular auspiciada en 1994 por la Compañía Pilsen Trujillo, en años anteriores otras empresas tomaron su lugar; a fines de la década pasada solía ser la Compañía Industrial Nor-Peruana S.A. (Coca Cola), la que subsidiaba los músicos y el baile que rompían los fuegos de la feria. El día 13 es conocido como el Alba y corresponde a los maestros de Otuzco hacerse cargo del desfile, retreta en la plaza de armas y fuegos artificiales. El párroco inicia la celebración de una secuencia de misas que continuará a lo largo de la feria, ofrecidas por los devotos de la Virgen. El día 14 baja la imagen de la Mamita de la Puerta de la iglesia a los brazos de sus cargadores (miembros de la Hermandad). Lo hace a partir de un mecanismo que permite deslizar la Virgen por un madero inclinado provisto de un riel. El desplazamiento es lento y lleno de solemnidad, que se realiza en medio de la música de las bandas, canciones y griterío de los distintos grupos folklóricos y de la abrumadora presencia de peregrinos que han llegado a saludarla. El 15 es el día central de la feria y su mejor expresión es la procesión de la Virgen a lo largo del pueblo. La multitud es compacta y está tan enfervorizada que es casi imposible desplazarse en otra dirección que no sea el recorrido prefijado para la imagen (Foto. 7 . Horas antes, frente a un tabladillo de la plaza de armas ha tenido lugar el festival musical, con el incentivo de un premio a la mejor banda de la feria. A las once de mañana se realiza una misa solemne, a la que acuden todas las autoridades de la ciudad y de la feria. Desde el día anterior los fieles desfilan para ver y tocar a la imagen esperando remedio a sus pesares. En la noche continúan los fuegos artificiales; más de cien castillos se queman en esta semana de celebraciones. El día 16 la Virgen recibe la veneración de sus fieles en el atrio de la iglesia y por la tarde sube a su trono mediante el mismo mecanismo. En la tarde se lleva a cabo la tradicional corrida de toros y por la noche (7 p.m.) una solemne misa de acción de gracias finaliza la feria, a pesar de que formalmente tiene lugar otra misa (al día siguiente) en honor a los peregrinos, si bien la mayoría de ellos ya está en camino a sus hogares. El día 18 de diciembre de 1994 se dedicó al conteo de las  194 L. Millones y H. Tomoeda limosnas , anunciado en el programa de la festividad, pero tal cosa no pertenece a] ámbito de la feria y no figura en la mayoría de los programas anteriores. a emotovidad del evento es indescriptible y se desprende especialmente de la gente de los caseríos y de los peregrinos, que en gran proporción son otuzcanos que viven en otras partes del país. Los residentes declaran abiertamente que no pueden asistir a los actos programados, debido a que tienen que atender a sus negocios. Prácticamente cada casa se convierte en un alojamiento o en una tienda improvisada, cuando no comparte ambas actividades. Se considera a estas fecha como la oportunidad que ofrece la Virgen para que sus fieles multipliquen sus ingresos y acumulen un pequefio capital para cubrir las necesidades del resto del afio. El primero de enero se vuelve a rendir homenaje a la Virgen en una fiesta que se considera más apropiada para la gente que vive en Otuzco. Los días 12, 13, 14, Y 15 de diciembre son fechas de trabajo intenso y de actividad comercial desenfrenada. En el espacio urbano se cruzan todas las ofertas posibles para que los visitantes dejen su dinero. Desde video g mes hasta discotecas ( con rayos laser ) improvisados, que alternan sin problemas con danzantes tradicionales, penitentes que se arrastran en honor a la imagen sagrada o prostitutas mujeres y travestidos) que llegan en pequefios grupos, con la declarada intención de participar en la feria por respeto a la Virgen. Hay también un considerable número de delincuentes de poca monta, aunque el control policial es bastante estricto. En términos globales se puede decir que la feria es un espacio físico y conceptual donde se cruzan todos los tiempos y culturas del Perú contemporáneo. Tratar de entender este conjunto de imágenes, sonidos y sensaciones sería muy difícil, si no contásemos con los conjuntos folklóricos que en sus vestidos, danzas, organización y tradiciones, nos van ofreciendo a manera de síntesis expresiva- la posibilidad de leer la intensa realidad de la fiesta. a feria de la Virgen no es la única prueba de reverencia de los otuzcanos para con la imagen que se encuentra sobre la puerta de su iglesia. s interesante observar que su culto constituye la referencia obligada en la vida diaria de los lugareños. Todo acto que compromete a una decisión crítica suele ser reforzado en favor del creyente con una invocación a la Virgen. Lo mismo sucede cuando el pueblo en su conjunto toma partido por tal o cual providencia, las autoridades de tumo consolidarán la determinación aludiendo el deseo de satisfacer a la Virgen. Hay, pues, una corriente de fervor que une desde las necesidades o decisiones muy personales (emprender un negocio, recobrar la salud, buscar un objeto perdido etc., etc.), hasta aquellas que comprometen al total de los otuzcanos (construir un puente, ganar las elecciones, etc., etc.). a imagen que suscita esta devoción es la Inmaculada Concepción cuya fiesta comenzó a celebrarse en Otuzco desde el 15 de diciembre de 1664. Antes se mantuvo en el calendario eclesiástico oficial que le adjudica el 8 de diciembre, pero el afio en mención se modificaron los estatutos de la hermandad y se trasladó el día feriado a una semana más tarde Romero 1982:17-18). La efigie mide aproximadamente un metro y cinco centímetros, habiendo sido  Los sclavos de la Virgen de la Puerta 195 modelada a partir de una armazón de madera revestida de tela enyesada, a cuyo conjunto se la ha dado forma humana. El procedimiento es conocido, se trata de piezas de tela de yute o algodón en general, embebidas en cola de hueso o pezuña de animal, remojadas en carbonato de calcio muy diluido ( merluza en el argot de los restauradores). Mientras la mezcla está húmeda puede ser modeláda, al secarse adquiere una consistencia muy sólida y puede ser pintada o dorada o plateada. Estatuas de este tipo se empezaron a divulgar a mediados del siglo XVIII, quebrando el patrón anterior de madera tallada. No es ésa la convicción de los vecinos de Otuzco, la tradición arraigada en el pueblo es que la Virgen está hecha de un cedro de tal calidad, que se mantiene a pesar de tener más de cuatrocientos años. Hay la creencia, sostenida con toda energía, que en el cuerpo de la imagen, a la altura del pecho, se guarda una más pequeña. Construida la estatua que hoy se venera, se le habría perforado una puerta pequeña en la espalda por donde se introdujo la imagen que hasta hoy se conserva. La representación mayor habría sido esculpida por un misterioso anciano que desapareció luego de concluir su obra, lo que constituye una versión reiterada con respecto a las imágenes de santos, vírgenes y cristos católicos a lo largo de los Andes. En la efigie venerada de nuestros días por su constitución física, no existen testimonios firmes de que se hayan colocado objetos en su interior, lo que, por supuesto, no disminuye la fe en la existencia de la pequeña imagen milagrosa. A esta Virgen le correspondería el papel de in ter . Es decir la imagen pequeña que reemplaza a la principal en las ceremonias menos importantes y en algunas procesiones o visitas. Así por ejemplo, el Señor de la Caña de ChicHn (ex-hacienda de la familia Larco) cuenta con un inter pequeño hecho con madera de guarango. En Otuzco, dado que la imagen menor permanece escondida, la gente se refiere con el nombre de inter a otra estatua similar en todo a la principal, pero que se encuentra en el antiguo local de la iglesia, hoy convertida en museo. De acuerdo con su restaurador (Sr. Carlos del Mar) esta imagen ha sido construida siguiendo las mismas pautas que la principal, constituyendo entonces otra imagen de vestir o escultura candelabro . La creencia en tomo a la Virgen contenida en el tronco de la imagen no corresponde a una peculiaridad de Otuzco. Cuando el pintor José Sabogal reunía notas para uno de sus libros (1988) recordó que en sus visitas a los desvanes de las iglesias, encontró más de una vez, que ciertas imágenes tenían espacios en sus espaldas como para colocar objetos (Rostworowski: comunicación personal). Tampoco es extraño que se ocupen los espacios vacíos de las imágenes que no son sólidas. Los restauradores dan cuenta que al reparar tal o cual estatua suelen hallar documentos referentes a la misma, o de la época, que fueron dejados allí para dar cuenta del autor y los detalles de la obra. Pero si hablamos de cavidades para depositar objetos de culto no es posible evitar la obvia referencia a la costumbre indígena de usar las estatuas cristianas para acarrear elementos que a despecho del doctrinero--se consideraban religiosos. Además no era necesario ser tan cuidadoso con respecto al lugar para las reliquias no cristianas, en 1687, el obispo Mollinedo descubrió en las parroquias de Carcay, Andahuaylillas y San Jerónimo (Cuzco) que la imagen del Niño Jesús estaba
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