El sentido luterano de la confirmación

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Publicado como «El sentido luterano de la confirmación», Liturgia y espiritualidad (2016/4) 227-232.

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   Abril 2016/4 Liturgia    y   Espiritualidad * La iniciación cristiana y su orden * Sentido luterano de la confirmación* Sacramentos en la verdad  227 iniciación cristiana 3 El sentido luterano de la confirmación Pablo Blanco Pablo Blanco , presbítero, es profesor de teología y antropología en la Universidad de Navarra; se ha ocupado de hermenéutica del arte, relaciones entre fe y razón, doctrina del Vaticano II, teología sacramentaria y diálogo católico-luterano. S egún la concepción luterana, cuando el niño crece y participa en la vida eclesial en una comunidad de fe, puede entonces ejerci-tar los dones recibidos en su bautismo y, al final, comprometerse con su comunidad mediante la fe recibida en el rito de la confirmación.  Tras una preparación y estudio de la fe cristiana, el joven confirmando se presenta ante la mesa de Dios y se hace cargo responsablemente de lo que recibió cuando era niño. Los padres y los padrinos de bau-tismo le acompañan con la alegría de saber que ese regalo que le fue dado al niño en el sacramento del bautismo, es ahora confirmado por él mismo en su madurez. La promesa que se realiza en la confirmación (Konfirmation  frente al Firmung católico  ) es ser responsable del regalo que le fue dado hace ya mucho tiempo, y comprometerse como un miembro activo eclesial con sus dones, talentos y decisiones. A partir de este momento ya no estará acompañado por sus padres y padrinos, sino que empieza su camino en la fe buscando autonomía y formas de desarrollarse en la comunión. Es decir, la confirmación es entendida    228 como el sacramento de la madurez, en el que el cristiano que la recibe tiene un especial protagonismo. 1. Breve historia En la Edad Media había aparecido la oposición a la confirmación por parte de John Wycliffe (1320-1382) y de los bohemios husitas, quie-nes la sustituyeron por un rito que puede ser considerado como pro-totipo de la confirmación evangélica. Los reformadores también se pronunciaron sobre ella, no considerándola un sacramento. El que el Bautismo de niños fuera mantenido por Lutero –a pesar de las críticas de los anabaptistas, por considerar el bautismo solo de adultos contra-rio al mandato bautismal del Señor (cf. Mt 28,18; Mc 16,15)−, unido a la ignorancia de las comunidades en los principales artículos del credo y el temor de que la comunión pudiera ser recibida por los indignos y, sobre todo, la solicitud por la propia grey, llevaron a los reforma-dores a promover la instrucción cristiana mediante el catecismo. Frente a los ana-baptistas, la confirmación pasó a ser una especie de (segundo) bautismo de adultos. Así, la admisión a la comu-nión en la Cena requirió previamente un examen de las principales ver-dades de la religión cristiana. Los reformadores protestantes, influidos por su rechazo de todo lo que no pudo ser claramente resultado de la Escritura y por su doctrina de la justificación por la sola fe, no quisieron admitir que la confirmación fuera un sacramento (De Capt. Babyl  ., VII, 501). Lutero (1483-1546) tan solo admitía el bautismo y la Cena, junto con la proclamación y la predi-cación de la Palabra. De acuerdo con la Confesión de Augsburgo  (1530), la confirmación fue instituida por la Iglesia, y no confiere la gracia de Dios. Sería por tanto sobre todo un acto social o simbólico. Melanchton (1497-1560), en Loci    comunes  (núm. 48), enseñó sin embargo que era un acto inútil desde el punto de vista sacramental, pues no suponía más que una catequesis para aquellos que se acercaban a la adoles-cencia. De igual manera constituía un testimonio de su fe ante la Iglesia –no una fuente de gracia−, y el ministro no era el obispo sino cualquier pastor ( Lib. Ref. Colonien ad. ). En 1534 Martín Bucero (1491-1551), en  Ad monasterienses , enseñó que los niños bautizados podían hacer pro-fesión pública tras una previa instrucción cristiana, y que podría ser La confirmación es entendida como el sacramento de la madurez, en el que el cristiano que la recibe tiene un especial protagonismo.  229 renovado el antiguo uso de la confirmación, esto es, que los obispos impusieran las manos sobre el bautizado y, por tanto, «literalmente» les impartirían el Espíritu Santo. También la sección « confirmatio»  de la Reformation  de Wittenberg de 1545 se expresó en términos similares.Mientras tanto, en ciertos distritos en Hesse y Estrasburgo, se había introducido el rito instituido por Bucero, que fue relacionado con la imposición de manos morava, tal como aparece en el Kirchenordnung  de Cassel, de 1539. El mismo manual litúrgico contiene la fórmula todavía en uso: «Recibe el Espíritu Santo, salvaguarda y protección contra toda malicia, fortaleza y ayuda para todo lo bueno, de la mano bondadosa de Dios Padre», con lo que esta-blece una diferencia con la forma utilizada en otras Igle-sias. Pero este rito arraigó solo en unos pocos distritos de la jurisdicción luterana, ya que durante las negociacio-nes que tuvieron lugar en los momentos de transición, esta modificada confirmatio  cayó bajo sospecha por ser una concesión a la Iglesia católica, siendo recha-zada por los oponentes. A partir de entonces, durante un largo tiempo, el rito no fue celebrado en algunos lugares, si bien fue admitido por los calvinistas. Entre los luteranos era costumbre observar solo la deno-minada confirmación privada: el catecúmeno en su adolescencia era llevado a la iglesia por sus padrinos ante un ministro cualificado, quien, siendo examinado por él y al ser competente, era admitido a la comu-nión en la Cena. La adopción general de la confirmación pública se vio favorecida por el deseo de fortalecer la instrucción catequética, de la que constituía su ceremonia conclusiva. Sin embargo, ya que la introducción de la confirmación pública coin-cidió en parte con un tiempo en la que las liturgias existentes no eran vinculantes, el rito fue frecuentemente reelaborado de acuerdo con las preferencias de los pastores, con las consiguientes variaciones en la forma y en el modo de celebrarlo. En lo que se refiere a enseñanzas luteranas posteriores, al convertirse la confirmación en las comunida-des luteranas en un rito eclesiástico general solemne y en una ceremo-    230 nia que incluso la sociedad reconoce por los lazos familiares y sociales que contiene, los teólogos intentaron dar explicación más seria de su naturaleza y significado. Así, fue considerada como complemento al bautismo por Schleiermacher o como un acto de recepción oficial en la Iglesia luterana (Wegschneider, Bretschneidre); como un testimo-nio de madurez en el caso de los que fueron bautizados siendo niños (Nitzsch, Dorner), o como recepción en la congregación de los adultos; como medio de constituir una congregación más selecta que consti-tuye una guía y un modelo en la vida en la Iglesia (J.C.C. von Hofmann), o como una consumación del estado de un catecúmeno bautizado y una renovación del lazo bautismal, visto desde un punto de vista sub- jetivo; como una institución laica y recibimiento en la congregación (Zezshawitz), o como una comunicación carismática del Espíritu por la imposición de manos (Vilmar).  Todas esas explicaciones tienen sin embargo objeciones de peso, a la vez que se complementan entre ellas mismas. De igual modo, está sujeta a críticas la teoría posterior de que la confirmación concede el derecho a la comunión en la Cena, tal como sostienen los mismos teó-logos luteranos: una participación en la celebración de la Cena sería igualmente compatible con la recepción por parte del bautizado y de los niños instruidos. Por lo tanto, sería mejor otorgar el derecho a la comunión también a niños bautizados instruidos, mediante la solemne confirmación o imposición de manos ante la congregación reunida. De esta forma, era planteada aquí la cuestión de la edad en la que ser confirmada. Estos puntos fueron condenados por el Concilio de Trento (I; cf. A. Theiner,  Acta SS Genuina Œcum Conc. Trid  , I, 383 y ss.). 2. La praxis actual Las comunidades luteranas mantienen algún tipo de confirmación en el día de hoy, consistente en el examen del candidato en la doctrina cristiana por parte de los pastores o miembros del consistorio, y en la renovación por parte del confirmando de la profesión de fe, realizada en su lugar por sus padrinos en el momento de su bautismo. Los pasto-res pueden conferir la confirmación y ejercen como ministros ordina-rios. La comunión anglicana por su parte sostiene que «la confirmación no debe ser considerada como un sacramento del Evangelio... Porque no tiene la misma naturaleza de los sacramentos [eandem sacramento-rum rationem]  del bautismo y de la Cena del Señor, por lo que no hay ninguna señal visible o ceremonia ordenada de Dios» (Art. XXV). Pero,
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