COME EN CASA BORGES. ¿QUÉ COME EN CASA BORGES? Borges eats at home. What does Borges eat at home?

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  COME EN CASA BORGES. ¿QUÉ COME EN CASA BORGES?Borges eats at home. What does Borges eat at home? A NABEL G UTIÉRREZ L EÓN  (Universidad de Zaragoza, España) RESUMEN El presente trabajo indaga en Borges, diario de Adolfo Bioy Casares, donde registra las conversaciones y anécdotas que tras las prácticamente diarias cenas tenía el autor con Jorge Luis Borges. Este artículo se concentra en un tema tan particular como la comida y los aspectos anexos a este ritual social. Se analiza cómo, para estos autores, la alimentación guarda mayor relevancia en su dimensión estetizadora y reguladora de las relaciones sociales que establece una clase social con el mundo, antes que como medio de alimentación y subsistencia. Palabras clave: Diario íntimo – comida – estetizar – Jorge Luis Borges – Adolfo Bioy Casares. ABSTRACT The following essay deals with food and other aspects of social ritual in Borges  , the diary of Adolfo Bioy Casares, which focuses on the conversations and anecdotes that the author had after almost daily dinners with Jorge Luis Borges. It analyses how, according to these authors, food becomes more relevant in an aesthetic dimension and as a basis for social relationships of a particular social class with the world, than as a mere means of nutrition and sustenance. Keywords: personal diary – food – Jorge Luis Borges – Adolfo Bioy Casares. OGIGIA 14 (2013), 17-26 ISSN: 1887-3731    A primera vista puede resultar algo llamativo en un contexto culinario, convocar las figuras de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares; pero al contrario, no hay nada más pertinente: un alimento, la leche cuajada, está en el srcen de esta fructífera relación literaria.   El tándem Borges-Bioy sugiere una vasta obra conjunta, sin duda bastante más literaria que gastronómica. Pero mucho antes del humor porteño de Honorio Bustos Domecq o de su sarcástico discípulo Benito Suárez Lynch, antes de sospechar las futuras antologías que compilarían juntos más adelante, antes de los artículos, ensayos o traducciones escritas a cuatro manos; antes de todo, en el principio, estuvo la comida. El primer texto que Borges y Bioy escribieron en colaboración habla de los beneficios de un producto lácteo 1 . Cuenta Bioy que allá por “1935 o 36 fuimos a pasar una semana a una estancia en Pardo, con el propósito de escribir en colaboración un folleto comercial [...] sobre los méritos de un alimento más o menos búlgaro” 2 . Se trata de la Leche Cuajada   de La Martona  , empresa de la familia de Bioy.   Este texto científico-gastronómico escrito en colaboración, data de los primeros años 3  de una de las amistades literarias más famosas dentro de las letras hispanoamericanas; amistad de la que, además, existe una minuciosa relación a lo largo de más de cuarenta años, según se lee en los diarios que Bioy Casares comenzó a escribir el año 1947. En 2006 se publicó Borges,  de más de 1600 páginas que, según cuenta Daniel Martino -albacea de Bioy y editor del texto-, el autor leyó y corrigió antes de su muerte. Borges es un volumen que recoge fragmentos del diario íntimo de Bioy, en los que este refiere las largas conversaciones mantenidas entre los dos amigos y hace un minucioso seguimiento de esta amistad, acaso siguiendo la estela de su admirado James Boswell en la Vida del 18 Ogigia.  Revista electrónica de estudios hispánicosOGIGIA 14 (2013), 17-26 ISSN: 1887-3731 1  El folleto de 17 páginas, innencontrable durante mucho tiempo, fue recopilado por Sara Luisa del Carril en Museo: textos inéditos  , Emecé, Buenos Aires, 2002. 2  BIOY CASARES, A., Borges  , Destino, Barcelona, 2006, p. 28. 3  Borges y Bioy se habían conocido unos años antes, a principios de 1932 en casa de Victoria Ocampo.  doctor Samuel Johnson  4  –según refiere el mismo Martino en su prefacio a Borges–,  libro que durante los dos años previos al inicio de su propio diario, Bioy había preparado, prologado y anotado para una colección que finalmente no salió a la luz; pero que probablemente animó a Bioy a registrar todos los encuentros, sucesos y conversaciones mantenidas con su amigo. Pero bueno, para volver a conectar con el mundo gastronómico (el de la digestión, en este caso) señalar que las prolongadas conversaciones que dieron lugar a este extenso volumen (el Borges   de Bioy), en su gran mayoría tuvieron lugar durante las sobremesas, tras la cena en casa de Bioy.   De hecho, “come en casa Borges” es la ya mítica frase como se inician gran parte de las entradas del diario. Y según el registro llevado por el autor, Borges come en casa de los Bioy, 1.737 veces. Tras consignar el hecho, Bioy se extiende en la relación de las opiniones de cada uno (especialmente en las de Borges) sobre los más diversos temas, libros o proyectos literarios que tuvieran en ese momento. Sin embargo, si bien conocemos la frecuencia con que comía en casa Borges, no sabemos qué comía Borges en casa de Bioy. Ni siquiera si alguna vez el postre fue un tardío homenaje a esa cuajada fundacional.   A pesar, pues, de la insistencia en registrar que comieron juntos, Bioy no ofrece nunca información particular sobre el menú, salvo cuando escuetamente menciona que para Navidad o fin de año, brindan con champagne  , ocasiones en las que alguna vez, incluso añade que han comido tarta de navidad o “un turrón compartido” 5 .   Será posible, como temía Barthes, que “hablar públicamente de lo que se come [ha sido] confinado casi a tabú sexual” 6  y que Bioy, diarista prolífico, honesto y mordaz, guarde con discreción la privacidad de sus comidas. O acaso, como afirma Edwin Williamson -biógrafo de Borges-, se deba, simplemente, a que “los Bioy no se distinguían Anabel Gutiérrez LeónOGIGIA 14 (2013), 17-26 ISSN: 1887-3731 4  En una entrada de Borges de 1960 ,  consigna Bioy que, hablando del libro de Boswell, el propio Borges se pregunta: ¿Sabría Johnson que Boswell estaba escribiendo la Vida  ? ¿En el libro se dice? [...]. Habría que investigar eso... yo creo que sí. Explicaría la inactividad de Johnson en los últimos años: no sólo por pereza no escribiría, sino por la seguridad de que nada de lo que decía iba a perderse. ¿Tendría curiosidad de ver lo que Boswell estaba haciendo, de ver cómo lo mostraba en el libro? Tal vez no. En todo caso no creo que Johnson haya corregido nada: darse el trabajo de corregir ese libro no se parece a Johnson (por haraganería, por generosidad de alma, por indiferencia)” (p. 646). Inmediatamente después se pregunta Bioy si acaso “él sospecharía la existencia de este libro; si tendría curiosidad de leerlo; si lo corregiría” (Ídem). Existen muchas posibilidades abiertas, aunque este no sea el lugar para aventurar ninguna respuesta. 5  BIOY CASARES, A., op. cit.  p. 258. 6  BARTHES, R., Cómo vivir  juntos: notas de cursos y seminarios en el Collège de France,1976-1977, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003, p. 163.  por el esplendor de su mesa: solían servir algún plato improvisado por Silvina de lo que pudiera haber encontrado en el frigorífico esa noche” 7 . Muy probablemente en sus veladas y comidas importara más la calidad de los comensales que el sazón de los alimentos servidos a la mesa.   De todas maneras, y aún cuando Bioy considerase la alimentación como un “secreto privado” 8 , tanto en cuanto secreto, como en cuanto privado, un diario íntimo sería  justamente el escenario privilegiado para su aparición. Pero no es el caso, a Bioy no parece interesarle en exceso dejar registro de este aspecto de su cotidianidad, le interesan más los márgenes, los necesarios anexos de este ritual.   El sociólogo Pierre Bourdieu afirma que la relación que se establece con los alimentos, además de ser la expresión de una “necesidad y placer primario por excelencia”, es sobre todo, “una dimensión del tipo de relación burguesa con el mundo social” 9 , dimensión además, entre cuyas atribuciones figura la de estetizar el vínculo de los grupos sociales con su contexto. Al parecer, Bioy era incapaz de renunciar a esta prerrogativa estetizadora como queda reflejado en una entrada de 1955, cuando cuenta: “Comen en casa Borges, Bianco, Emita, Bianco, que llegó muy tarde, entra abrochándose la bragueta, de abajo arriba: nos da la mano y vamos a comer (me levanto para lavarme las manos)” 10 . El aseo en torno a la comida, es sin duda una de sus mayores preocupaciones. Años más tarde, Borges (en compañía de su madre, naturalmente) se iba por primera vez a los Estados Unidos, a dar un curso en la Universidad de Texas. Todos los amigos estaban expectantes. Para despedirlo -cuenta Bioy- “Peyrou, Luis, Silvina y yo vamos a Ezeiza en mi coche. Allá esperamos hasta las dos y media la salida del avión. En el inmundo   bar del aeropuerto, al que no entran Silvina ni doña Leonor, tomamos leche (Borges), agua Villavicencio y después té tibio (yo), cerveza (Peyrou), nada (Luis)” 11 . En otra ocasión, al referirse a una comida en honor de Francisco Luis Bernández comenta que “El restaurant elegido es pésimo, sucio  , pero pintoresco. Borges, por amabilidad hacia mí, finge que él también prefiere los lugares un poco limpios y blancos [...] pero mantiene su superstición favorable al bistrot   pintoresco. 20 Ogigia.  Revista electrónica de estudios hispánicosOGIGIA 14 (2013), 17-26 ISSN: 1887-3731 7  WILLIAMSON , E., “Borges y Bioy: una amistad entre biombos”, en: Letras Libres  , año VII, Número 81,  junio, 2008, pp. 30-36, p. 32. 8  BARTHES, R., ídem  . 9  BOURDIEU, P., La distinción : criterio y bases sociales del gust  o, Madrid, Taurus, 1991, p. 195. 10  BIOY CASARES, A., op. cit.  p. 129. 11   IBÍDEM ,  p. 752. (La cursiva es mía)  Un bistrot   en Buenos Aires es una fonda  inmunda”  12  .   Si atendemos a los adjetivos, situados en un claro extremo dentro de la escala de contrastes, comprobamos que, para Bioy, las características del escenario de la comida son más relevantes que la comida misma: vale más que esté limpia que sabrosa, confirmando esa estetización de las prácticas alimentarias, como característica de la burguesía de la que Bioy es fiel representante. En otras ocasiones ya ni le hacen falta adjetivos para expresar el desagrado que le causan los descuidos de la higiene a la hora de la comida. No se salva ni su tan admirado Georgie  , sobre quien no se resiste a registrar algunas pintorescas situaciones, como cuando anota en su diario que “Borges come queso gruyère  , que toca con las manos, que en seguida guarda en los bolsillos” 13 , o, mejor aún, cuando escribe: “Borges se quita la dentadura, la pone bajo el chorro de agua, la inserta de nuevo, se seca las manos y considera que se lavó para ir a la mesa” 14 . Las anécdotas son suficientemente elocuentes y el hecho de haber tomado nota de ellas, acredita la relevancia que para él poseen los modales en torno a la mesa, a la hora de la comida.   Al registrar en su diario estas pequeñas transgresiones, Bioy da testimonio de la transcendencia que en su vida reviste el hecho de 'comer guardando las formas' y, en relación con Borges, el valor simbólico que los modales tienen para la sociedad, queda reforzado con unas declaraciones que, hace solo un año, realizaba María Kodama sobre este mismo aspecto. No era la primera vez que la viuda de Borges protestaba por la imagen de su marido que ofrece la lectura del diario de Bioy. Cinco años después de la publicación de este libro, parece que una de las cuestiones que le siguen preocupando son aquellas relacionadas con las formas que se guardan (o no) a la hora de la comida. En unas declaraciones realizadas al periódico El País  , Kodama, poco después de afirmar, taxativa, "No me gusta comer" 15 , se quejaba recordando que “Borges era ciego y Bioy cuenta que comía con las manos [...]. Yo he comido con Borges en todas partes -desde Anabel Gutiérrez LeónOGIGIA 14 (2013), 17-26 ISSN: 1887-3731 12   IBÍDEM ,.  p. 706. (La cursiva es mía) 13   IBÍDEM ,.  p. 307. 14   IBÍDEM ,.  p. 713. 15  RODRÍGUEZ MARCOS, J., "Entrevista: DESAYUNO CON... MARÍA KODAMA. Algunos no me perdonan que yo quisiera a Borges", en El País  , viernes, 21 de enero de 2011, Madrid. Esta afirmación aparece reforzada con una declaración de Jovita Iglesias, criada de los Bioy durante muchos años, cuenta que “muchas veces vino Borges a Posadas con María Kodama. Ella comía muy poco. Yo creía que eso se debía a que era muy tímida. «Kodama debe comer de otra manera en su casa», le dije un día a la señora Silvina, «porque así no puede vivir». Ella me dijo que le preguntaría a la madre de María, porque cada tanto hablaban. Pero confirmó que era así; incluso en su casa comía como un pajarito”.(IGLESIAS, J. y ARIAS, M. R., Los Bioy  , Tusquets, Barcelona, 2003. p. 80).
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